Para el domingo 26 después de Pentecostés

17 de noviembre del 2002

Sermón por el Rev. Dayle Casey

En “Chapel of Our Saviour”

Colorado Springs, Colorado

Sofonías 1:7, 12-18

I Tesalonicenses 5:1-10

Mateo 25:14-15, 19-29

    Como vimos la semana pasada, el concepto del tiempo es un enigma. Por un lado, siempre parece haber tiempo y por otro lado, siempre llega el momento cuando el tiempo se acaba. La vida es así.

    Lo mismo les ocurrió a los cristianos de Tesalónica en los tiempos de Pablo.  “¿Qué ocurrirá si……? se preguntaban. ¿Qué les ocurrirá a aquellos que se mueran antes de que se acabe el tiempo? ¿Qué nos ocurrirá si morimos antes del Día que vuelva el Señor?

    ¿Qué ocurrirá si …? Es una pregunta de magnitud, una pregunta que nos hacemos constantemente. Pero nunca las cosas “ocurren porque sí” como por casualidad, nos dice Pablo, las cosas están hechas para que ocurran. Por lo que, Pablo les dice a los cristianos de Tesalonica “Hermanos, no queremos mantenerlos ignorantes sobre lo que les ha ocurrido a aquellos que ya se han dormido. No quiero que estén de duelo como el resto de los hombres quienes no tienen esperanza. Jesús murió y resucitó nuevamente por lo que creemos que llegará el día cuando Dios nos traerá de vuelta con Jesús a todos aquellos que se han entregado a El…. Por lo que, horas y fechas no las necesitamos  ya que Uds. saben muy bien que el Día del Señor vendrá como un ladrón en la noche, como los dolores de parto a una mujer en cinta… Pero Uds. hermanos no están en la oscuridad por lo cual ese día no los sorprenderá como  a un ladrón.” Es por eso que la gran pregunta es ¿Qué es lo que está pasando ahora, en el entretanto: porque todos Uds. son los hijos de la luz  y los hijos del día y debemos mantenernos despiertos y atentos, listos como todos aquellos que viven en la luz y debemos vestirnos con la fe, el amor y la esperanza. Dios no nos ha escogido para sufrir  su ira. Dios no quiere que experimentemos enmiendas pero que recibamos su salvación a través de Nuestro Señor Jesucristo. El murió por nosotros para que, si estamos vivos o muertos podamos vivir junto a El.”

    Judy me dió una vez un cuadro con tres monos con tres expresiones diferentes en la cara. “Hay tres tipos de personas” decía el poster. “Aquellos que hacen que  las cosas ocurran” mostrándonos la expresión del primer mono, “aquellos que son expectadores de lo que ocurre a su alrededor” decía el segundo “y aquellos quienes se preguntaban  que había ocurrido” para el tercero.

    Prefiero pensar que Dios nos ve sólo como dos tipos de personas --  aquellos que  hacen que las cosas ocurran y aquellos que no, aquellos que usan el tiempo que Dios les ha dado  para compartir en el trabajo creativo de Dios, haciendo que las cosas ocurran en el tiempo dado y con los dones recibidos y aquellos que miran que las cosas tomen lugar a su alrededor, preguntándose que ha ocurrido.

    Nunca “las cosas pasan por pasar;” todas  las cosas están hechas para que ocurran. Dios nos creó para si y Jesús murió por nosotros para  que podamos vivir juntos con El así como para otros y nos ha dado  tiempo para que lo logremos en nuestro tiempo.

    Pero llegará el día cuando no haya más tiempo. Y ese día vendrá como nos dice Jesús “Había una vez  un hombre que viajó al extranjero. Antes de irse llamó a sus trabajadores y les confió su fortuna. A uno le dió cinco bolsas llenas de oro que equivalían a veinte años de trabajo --  era un enorme capital. A otro le dió dos bolsas llenas de oro que equivalían a ocho años de trabajo. Y al tercero le dió sólo una bolsa, de todas maneras algo bastante valioso, que podría trabajar y que simbolizaba una oportunidad de lo que el trabajador ganaría en cuatro años de servicio. El amo dió de acuerdo a la abilidad de cada uno. Después de mucho tiempo el amo volvió para averiguar como habían manejado su dinero. El hombre que había recibido las cinco bolsas de oro le dijo: “Señor, Ud. me entregó cinco bolsas de oro; aquí tiene cinco bolsas más de las que me dió. El amo le dijo ‘Bien hecho. Ud. ha hecho buen uso de lo que era mío en el tiempo designado. Ud. me ha probado que es alguien en quien yo puedo confiar. De ahora en adelante lo pondré a cargo de algo realmente importante. Venga y goce en la alegría de su amo.’ Y le dijo lo mismo al trabajador que había recibido dos bolsas llenas de oro y que había doblado su riqueza. “Cuando el tercer criado apareció junto a su amo le dijo ‘Señor, yo sabía que Ud era un hombre duro, cosechando donde no había plantado y recogiendo donde no había tirado nada. No quise arriesgarme con lo que le pertenecía, por lo que lo escondí en la tierra, donde ha estado a salvo mientras Ud. andaba afuera. Aquí lo tiene, es lo suyo y ahora lo tiene nuevamente.’

    “Pero su amo le dijo ‘Ud ha desperdiciado la oportunidad. Ud. lo ha perdido todo. ¿No sabe lo que se pierde si no se invierte?. Al devolver dinero  no invertido es como ofrecer un cadáver por una persona viva. ¿No sabe que al no invertir lo ha desperdiciado todo? ¿No sabe que nada “pasa porque si” que todas las cosas están hechas para que ocurran?”

    Entonces el amo le arrebató la bolsa con el oro y dijo ‘Llévense a este inútil y tírenlo a la oscuridad.’ Después le dió la bolsa con oro al trabajador que le había entregado diez y que sabía como sacarle provecho a las cosas.

    Las cosas  “no pasan porque si;” todas las cosas son hechas para que ocurran y ganamos o perdemos de acuerdo al tiempo en que las usamos o que no las hacemos. En esta historia, Jesús nos está diciendo que hay riesgos en la vida, el peligro de hacer muy poco y lograrlo. El nos ha llamado para que seamos como empresarios con las buenas nuevas de Dios, así como lo somos en los negocios que empezamos y con las propiedades que manejamos, llamándonos a ser tan vivos y decididos a multiplicar el evangelio en el tiempo que se nos ha dado, tal cual lo hacemos con el dinero dado.

    Hace unos años atrás cuando el basebal era divertido e importante, Tomás Boswell escribió dos libros encantadores acerca del básebal y la vida. Los tituló ¿Por Qué El Tiempo Empieza En El  Día Inagural? y ¿Cómo La Vida Imita El Campeonato Mundial. En nuestros días, Jesús habría sabido estas dos verdades y nos habría contado alguna historia sobre ellas. Lo habría dicho más o menos así: Había una vez un juego que estaba empatado y ya llegaba al final. Había uno fuera y el entrenador dió la señal para que pegaran y corrieran.

    (Por supuesto que todos Uds. saben que la idea era de “hacer que las cosas pasen” para mover al jugador de la primera base a la tercera y quizás forzar un error de parte del que la tira. De todas maneras, el objetivo era poner al que corre en una posición donde podrá hacer un punto, no por una oportunidad milagrosa de un “home run” pero por la oportunidad común y corriente que a veces ocurre en un juego. Con un jugador en la tercera base y uno en la primera se puede forzar este tipo de juego, el corredor podrá más tarde lograr un tanto de una manera que no sea fuera de lo común, con una corrida simple, o por un error, o por una pelota al aire, o aún con una corrida de la pelota por el suelo, o por una bateada de sacrificio.”)

    Por lo tanto el entrenador dió la señal de un “hit and run” y en la próxima tirada el que le pegó la tiró bien a la derecha pero el corredor que consiguió llegar fácilmente a la segunda base, de pronto vaciló, miró hacia la derecha y en vez de seguir volvió a la seguridad  de la segunda base. Los próximos dos bateros las tiraron al centro y a la derecha y  en vez de lograr un punto con una pelota tirada en ese lado, el  corredor en quien recaían las esperanzas de su equipo, se quedó no más en la segunda base. Y la ventaja que podrían haber tenido se perdió y ahora pertenecía la oportunidad al otro equipo que ahora le tocaba batear.

    ¿Y el entrenador? Bueno, por supuesto que estaba furioso. “¿Por qué te paraste en la segunda base cuando la idea era que llegaras a la tercera?  le preguntó al desgraciado corredor cuando éste salió trotando del campo. “Bueno” replicó el corredor, “Sabía que Ud. era un entrenador muy duro y pensé que me podrían sacar si no llegaba a tiempo, por lo cual pensé que sería mejor quedarme con algo seguro en la segunda base que tratar de llegar a la tercera  y perder.”

    A ésta confesión patética, el entrenador le dijo, “Casey, eres un idiota, no trates de pensar; no es fácil para tí, déjamelo a mi. Al asistente le dijo “¡Llévate a este inútil, hazlo desaparecer al subterraneo y a la banca --  donde, les digo por experiencia propia, existe la oscuridad y el rechinar de dientes!

    Todas las cosas son hechas para que ocurran, para aquellos que tienen mucho, más  se les dará y para aquellos que no tienen mucho, aún lo poco que  tienen se les quitará.

    Esta verdad me quitó el sueño por mucho tiempo. Me preguntaba ¿Significa tal vez que Dios favorece a los ricos y desfavorece a los pobres? Sin embargo, la vida me ha enseñado que ése no es lo que significa. La historia de Jesús es simplemente  la vida --  que los dados del Señor están siempre cargados. Nada ocurre jamás “porque sí,” ni siquiera el Día del Juicio. Todas las cosas son hechas para que algo ocurra.

    Si tenemos la oportunidad de pararnos en la segunda base cuando aún existe la posibilidad de llegar a la tercera, si usamos el tiempo que nos es dado para refugiarnos en un lugar seguro desde donde podemos observar lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando la hora nos llama a que hagamos que ocurran cosas, sin duda que entonces hemos hecho algo. Hemos creado para nosotros una ocasión para que la muerte nos atrape. Si no practicamos hablar español, entonces no hablaremos español. Si no practicamos tocar el piano, entonces no haremos que la música aflore de nuestros dedos. Esa es una de las realidades de la vida.

    Pero, si vivimos plenamente en el tiempo proporcionado para lo que hemos sido creados en la imágen del mismísimo creador, si usamos el tiempo y los recursos que Dios nos ha dado para hacer que las cosas ocurran como Dios las hace que ocurran, buscando en el tiempo, para aumentar lo que Dios nos ha dado, para que Dios haga que ocurra, entonces, ¿Qué hemos creado? Nada menos que una oportunidad para que el Espíritu trabaje en nosotros y a través de nosotros para traernos vida, en el tiempo.

    Dice Frederick Buechner, “Pensamos sobre la vida eterna, si es que lo hacemos, como algo que ocurre después que hayamos muerto; sería mejor si pensáramos cuando recién empezamos a vivir.” Escondiendo la bolsa llena de oro, parándonos en la segunda base cuando debemos llegar hasta la tercera, temiendo usar en este momento los regalos que se nos han dado, es actuar como si tuviéramos todo el tiempo del mundo cuando en realidad, el momento para hacer que ocurran cosas es sólo ahora.

    La eternidad es ahora. La eternidad se encuentra en cada instante. Cada momento, por lo tanto, está embarazada con la posibilidad de la vida eterna.

    Sn. Pablo nos recuerda “ Acuérdense siempre que ésta es la hora de la crisis… Este momento, ahora, antes que vuelva el amo, no después, es la Hora del Juicio, el momento crítico.”

    La madre Teresa nos dice que “el amor es una fruta de estación continua y que está a la mano de todos.”  El amor se puede lograr que ocurra en cualquier momento; el estímulo se puede ofrecer en cada instante; la esperanza se puede hacer realidad ahora mismo. Esa es la verdad mientras exista el tiempo. ¿Podemos lograr que  el amor ocurra mañana? ¿Podemos hacer que el estímulo y la esperanza ocurran mañana? Claro que sí, si todavía queda tiempo. Pero, para tener la certeza, hagámoslo ahora, antes que el amo vuelva, antes que el día vuelva, porque ahora todavía tenemos tiempo.

    En los tiempos de Pedro y Pablo habían aquellos que estaban preocupados porque Jesús todavía no había vuelto y Pedro les recordó que ese tiempo  en el que El no volvía, era una evidencia de la paciencia de Dios. El hecho de que el día todavía no había llegado, es la manera en la cual Dios es paciente con nosotros; es el tiempo que nos da para que multipliquemos el evangelio  en nuestro tiempo; la manera en la que Dios nos da  tiempo para que lo invirtamos  en el amor y en la esperanza de nuestro tiempo; es la manera en la cual Dios nos da tiempo para que invirtamos el regalo del tiempo que nos ha dado, tiempo para vivir en este mundo la vida que Dios nos ha entregado para que la vivamos.

    El Advento, el cual va a venir pronto, es la posibilidad  de llegar a la tercera base y después al gol. Es acerca de “lo que está por venir” de la vida y sobre la necesidad de hacer decisiones. Es sobre la intersección de nuestros propios juicios sobre la vida con el juicio que Dios tiene de la vida. El Advento es la necesidad de hacer nuestra decisión de como vamos a vivir nuestras vidas en el tiempo, en el único tiempo y en el único mundo que Dios nos ha dado para vivirla. Es sobre la vida eterna, sobre lo que ocurrirá cuando empecemos a vivir.

    ¿Quién sabe cuándo o dónde esa intersección, esa crisis, ese tiempo ocurrirá?  o ¿fue? o ¿será? Todo lo que realmente sabemos es que ahora estamos viviendo, en el tiempo en que se nos ha dado, lo que significa que el futuro todavía no es y que todavía hay tiempo para usar el tiempo que se nos ha dado para hacer que el amor y la esperanza ocurran.

    En otras palabras, el Advento es estar en cinta. La Navidad es nacer. El Advento es la Palabra de Dios para nacer en el mundo aún en el mundo del terrorismo y de una posible guerra con Iraq. Sabemos lo que significa estar en cinta, que tenemos que tomar una decisión, lo cual es lo que la vida en el tiempo es. Tener una oportunidad. Habrá tiempo, si así lo deseamos de abortar la Palabra y la Esperanza. También hay tiempo para traer la Palabra y la Esperanza para que nazcan. Todavía hay tiempo para verlas nacer, para darles un nombre, todavía hay tiempo para cambiar las espadas en rejas de arado y en tijeras podadoras.

…Todavía hay tiempo para dar nacimiento a la Palabra de Dios en este mundo nuestro; todavía hay tiempo para sanar a los enfermos, limpiar a los sarnosos y resucitar a los muertos; todavía hay tiempo para compartir nuestro alimento, nuestra ropa y nuestro dinero con aquellos que nada tienen; todavía hay tiempo para compartir con nuestros hijos y decirles cuanto los queremos.

… Todavía hay tiempo, en las palabras de Juan Bautista para pedir perdón; todavía hay tiempo para volvernos al Niño del Establo y a Cristo en la Cruz; todavía hay tiempo para sacarnos de la cabeza que no podemos salvarnos por lo que tenemos, dinero, inteligencia o nuestras bombas.

…Todavía hay tiempo para invertir; todavía hay tiempo para dejar de lado la vida egoísta que vivimos y vivir una vida para los demás; todavía hay tiempo para vender todo lo que tenemos para darles el dinero  a los pobres; todavía hay tiempo para tratar a otros como quisiéramos que nos trataran. En otras palabras, todavía hay tiempo para ser la Palabra de Dios en este mundo que se nos ha dado para vivir como Dios quiere que vivamos.

    Hay tiempo, pero nadie sabe cuanto. Eso es lo que es el Advento, el presente y la eternidad significan.

    En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.