El sexto domingo de la Resurrección

Sermón del Rev. Dayle Casey

El sexto domingo de la Resurrección - A

En Chapel of Our Saviour

Hechos 17:22-31

Colorado Springs, Colorado

1 Pedro 3:8-18

5 de mayo del 2002

Juan 15:1-8

 

Si han escuchado con cuidado cuando el Padre Richardson introdujo la lectura del evangelio se darán cuenta de que él dijo "El Evangelio de acuerdo a Juan," no El Evangelio de Juan. La razón es que Juan al igual que los otros evangelistas no están reportando sus buenas nuevas pero las buenas nuevas de Jesucristo de acuerdo a él (Juan). Cada uno de los evangelios es presentado con el punto de vista del evangelista y como cada uno de ellos ve a Jesús a su manera reporta las Buenas Nuevas sobre Jesús como ellos la perciben. Cada evangelio es, en efecto, la respuesta del evangelista a lo que dijo Pedro de que "había que estar siempre preparado para dar una respuesta al que preguntara por la esperanza que reinaba en uno."

Que los evangelistas difieran en la manera en la cual perciben y entienden a Jesús se hace claro especialmente cuando el cuarto evangelio se compara a los otros tres. En el de Juan, Jesús nos habla de una manera en la cual simplemente no suena como el Jesús de los otros evangelios. "Yo soy el Buen Pastor"… Yo soy el Pan de Vida" … "Yo soy la Vid verdadera." Oimos hablar a Jesús de esta manera sólamente en Juan, porque Juan cree tener el significado de Jesús para él y para nosotros.

Esa es la razón por la cual los evangelios deberían referirse siempre como El evangelio de acuerdo a Juan, o de acuerdo a Mateo o a Marcos o a Lucas. Cada uno de ellos nos da su propia perspectiva.

Alguien dijo alguna vez que los cuatro evangelios son "un libro en el cual un niño puede caminar por el agua y un elefante puede nadar." "Yo soy la Vid verdadera," nos dice Jesús de acuerdo a Juan. Es una imagen simple y sin embargo nos ruega para que la examinemos con más profundidad. ¿Qué es lo que Juan nos está tratando de decir cuando hace que Jesús hable de esa manera? "¿Cómo puede una persona ser una vid?" es la pregunta que se nos viene inmediatamente a la mente. Y en que sentido una vid puede ser verdadera o falsa? ¿Existe una vid falsa a la que se le pueda comparar con una vid verdadera?

Juan escribió el Cuarto Evangelio en la última parte del primer siglo, quizás en la novena o décima década, sesenta o setenta años después de la Resurrección. Y es importante saber que ocurría en el mundo de Juan en ese momento. El escribió en el medio de una lucha entre dos grupos de judíos quienes vivían entre gentiles. Una de las preguntas por la cual discutían era ésta: ¿Quién es el Dios verdadero? Esta es la parte del contexto del Cuarto Evangelio.

Por un lado, habían judíos que no querían tener nada que ver con Jesús. Argumenta- ban que ningún judío que valiera la pena podría seguir a Jesús, porque Jesús, a lo más, era un alborotador y a lo menos un blasfemador. Ellos alegaban que si eras un buen judío no tendrías nada que ver con Jesús.

El otro grupo creía que Jesús era el Mesías, el que Dios mismo había enviado para ser el Salvador de Israél. Por lo tanto, para ellos un buen judío seguiría a Jesús porque Jesús había sido ungido por Dios mismo. Parte de esto, era lo que Juan quería decir cuando escribió el Cuarto Evangelio -- que los judíos podían ser los seguidorer de Jesús y seguir siendo buenos judíos. En efecto, Juan trata de poner en claro que si los judíos rechazaran a Jesús estarían rechazando a Dios mismo porque Jesús era el justo heredero de Jehová, el rey de Israél.

Cuando Pablo, un judío quien era un seguidor de Jesús visitó Atenas, se encontró con que los griegos se hacían la misma pregunta. ¿Quién es Dios? Claro está que siendo griegos lo preguntaban a su manera.

Pablo vagó por la plaza mirando varios monumentos hechos para los dioses de los atenienses a quienes ellos adoraban y habló con todos los filósofos que se encontraban en la plaza. Y empezó a predicar el Evangelio de acuerdo a Pablo. Empezó a enseñarles sobre Jesús y su Resurrección y los atenienses estaban muy perplejos sobre todo ésto porque nunca habían escuchado nada igual.

Ahora es Lucas el que nos está hablando sobre su propio Evangelio de acuerdo a Lucas en los Hechos de los Apóstoles y como nos dice Lucas, "Todos los atenienses y los forasteros que vivían ahí, sin hacer nada, pasaban su tiempo hablando y escuchando las últimas noticias." Por lo que, aunque seguían muy escépticos en referencia a lo que predicaba Pablo, lo urgían a que les dijera más.

(William Willimon nos dice que "Pablo persigió la legendaria curiosidad de los atenienses hasta el Areópagos donde los atenienses pasaban sus días haciendo lo que a los intelectuales les gusta más hacer, sacándose el aburrimiento al buscar nuevas ideas." De todas maneras, los griegos parecen tener una ilimitada capacidad para absorber una y todas las idea, aún sistemas de creencias conflictivas para ellos.)

Por lo tanto, en la plaza pública de Atenas habían construidos ídolos de cuanto dios existiera como si todos tuvieran el mismo valor, todos tuvieran la misma verdad. Por lo que Pablo les dijo a ellos, "Hm, veo que Uds. son profundamente religiosos."

No me parece que Pablo estuviera alabándolos. Creo que Pablo estaba reconociendo una verdad sobre todas las naciones, incluyendo a la de los judíos, de que los humanos somos religiosos incurables. Si nos dan la más mera oportunidad de adorar cualquier cosa tales como: oro, plata, madera, cantantes de rock, estrellas del fútbol, del balóncesto, astronautas, terapias, cristales de la "New Age" (Nueva Epoca), sexo, ciencia, ejercicios físicos, cuidado de la salud, la bandera, el ejército, la democracia, la monarquía, cualquier sistema político que nos promete la mejor oportunidad y la mayor cantidad de dinero, estamos listos para oírlas. Nosotros en los Estados Unidos somos tan iguales a como eran los griegos del primer siglo, siempre tratando de encontrar las últimas novedades y tonterías haciéndolas dioses. Si no me creen, chequeen nuestras plazas la próxima vez que se encuentres en una. O chequeen nuestras revistas o miren la televisión.

Nuestro problema principal como seres humanos nunca ha sido ser ateos pero de ser idótatras. Somos "extremadamente religiosos." La idolatría viene a nosotros de una manera muy natural.

Eso es lo que yo creo que Pablo nos está indicando en el capítulo 17 de Los Hechos de los Apóstoles. Y es lo que Juan nos indica en el capítulo 15 de su evangelio también. "yo soy la Vid verdadera," dice Jesús en su largo discurso en (El evangelio de acuerdo a) Juan poco antes de ser crucificado. "Yo soy la Vid, Uds. las ramas. Si siguen con la Vid, Uds. darán frutos. De lo contrario serán podados y descartados."

El Jesús de Juan nos dice que debemos estar concientes de nuestras raíces. El Jesús de Juan es el primer fundamentalista. Pero él es un fundamentalista de verdad. El nos llama a vivir de acuerdo a lo que es fundamental para nosotros, los hijos de Dios. Nos recuerda que una rama saludable está conectada a sus raíces. Nos está diciendo que nos agarremos a Dios, no a la versión bíblica del "King James" (Rey Jaime.)

A través de las Escrituras Hebreas, lo que llamamos el Viejo Testamento, la figura de la vid es usada como la imagen de Dios y su gente; la parra es la gente y Dios es la fuente, la que es la vida para la parra.

Con el tiempo, la vid se hace el símbolo mismo de la nación. En los tiempos de los macabeos, más o menos unos 150 a 200 años antes de Cristo, la vid era imprimida en las monedas de la nación así como nosotros ponemos a Abraham Lincoln en nuestras monedas de un centavo. Una gran y elaborada vid de oro adornaba la entrada a los Lugares Sagrados en el Templo y si uno quería hacer un regalo realmente fino quizás en memoria de alguien, lo que generalmente se hacía era dar suficiente dinero para que se pusiera otro racimo de uvas sobre la vid a la entrada del santuario.

Y los profetas también usaban la viña como la imagen de Israel. "El Señor tenía una viña al lado de un cerro" decía Isaías. "El Señor cabó por el lado del cerro hacia arriba y le sacó las piedras y plantó la tierra con las mejores parras. Construyó un mirador en ella e hizo un lagar para presar la uva también. Entonces buscó la mejor cosecha de las parras." Pero las parras cosechadas eran como uvas silvestres y amargas en vez de ser excelentes, nos dice el profeta. Por lo que el Señor dijo: "¿Qué otra cosa podría haber hecho por ellas? ¿Cuándo buscaba buenas uvas, por qué coseché sólo malas? Ahora te voy a decir lo que voy a hacer con mi viña. Le sacaré el seto y la viña será destruída. La haré un descampado donde no se podará ni se cultivará y donde ni el brezo ni las espinas crecerán."

Y cuando Juan escribía el evangelio que lleva su nombre, Judea no era otra cosa que un trozo de brezo salvaje. El Templo había sido destruído y junto a él, su vid dorada que estaba sobre la puerta junto a una serie de dioses falsos que habían tomado posesión sobre la tierra rocosa incluyendo su específico sistema de sacrificios. Y la gente de Israel se encontró nuevamente dispersa por muchas tierras incluyendo Grecia donde ellos habían sido tentados por los ídolos de nosotros los gentiles así como por los que habían traído con ellos.

Es, en este contexto, al final del primer siglo D.C. que Juan escribió el cuarto Evangelio para los judíos que vivían en la tierra de los gentiles. Y en los capítulos 13 al 17, Juan hace que Jesús pronuncie ese largo discurso en La Ultima Cena: El nos dice, "Yo soy la Vid verdadera. Yo soy la Vid y Uds son las ramas. Si se quedan con la Vid, producirán buenos frutos. Si no lo hacen serán podados y echados fuera."

Es la imagen que realmente tocaba a los judíos, a los cuales Juan les estaba escribiendo. Se dice que la manera en que Jesús vivió su vida es la manera en que Dios había intentado que Israel y toda la gente la viviera. Estas son Las Buenas Nuevas de acuerdo a Juan. Jesús es la fruta buena que la gente de Dios, la viña de Dios había propuesto para soportar pero no lo habían hecho.

Y Jesús carga con estos frutos porque él es la Vid verdadera quien no sigue por todos lados a dioses extraños, a dioses que nos desilucionan pero él continúa conectado a la fuente, conectado a la raíz, a lo fundamental, al Padre de Israel, al creador y el que mantiene al mundo. El se mantiene arraigado a la verdad: se recuerda. El recuerda lo que Dios desea de su gente y para su gente es fruta buena, justicia y misericordia. Y porque se acuerda que la justicia y la misericordia son el fruto con el cual él mismo carga.

Recuerden que este discurso toma lugar casi justo antes de que Jesús sea crucificado. Jesús acaba de lavarle los pies a sus discípulos. Y Jesús está listo para dar su vida por el bien de la justicia y por el bien de la fruta buena, por el bien de mostrarnos como es la verdadera vida, por el bien de la justicia y la misericordia.

Lo que Juan nos está diciendo en este discurso de Jesús es que el camino a la Cruz es la verdad de Dios: Para los judíos para los cuales esta verdad era un impedimento, Juan nos dice que Jesús es quien Dios realmente es cuando Dios vive en este mundo de carne y de sangre. Es quien ama a su gente tanto que dió su vida por sus amigos para que ellos pudieran conocer cual era la verdad de Dios para que ellos también se mantuvieran arraigados en él y produjeran buenos frutos al ser justos y que tuvieran piedad los unos por los otros. Y a los gentiles en las plazas de las ciudades y en Colorado Springs para quienes esta verdad es una locura, Pablo nos dice que esta verdad les es desconocida a muchos. Pero que pueden conocerla y es la verdad que los nutrirá si se acercan para conocerla y para vivirla.

En órden de producir frutos, las parras tienen que ser nutridas. Tienen que mantenerse arraigadas a la tierra y sus ramas tienen que ser podadas para poder producir buenos frutos.

¿No ocurre lo mismo con nosotros? Cada idea nueva no es maravillosa ni verdadera porque es nueva. Y cada idea vieja no es ni maravillosa ni verdadera poque es vieja. Para los americanos como para los atenienses no es una buena idea tener panteónes, templos en los cuales adoramos a nuestros dioses. Sería una mejor idea si fueramos más discriminativos acerca de nuestros dioses. Y para los cristianos del siglo veinte así como para los judíos del primer siglo estarían en mejor estado si como dice Juan nos preocupáramos más de nuestras raíces, de nuestras verdaderas raíces, la profunda e inagotable raíz que es Dios.

Y la esencia del asunto es ésta: Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza --con toda tu riqueza, en otras palabras, con toda tu fuerza, es el verdadero significado de la palabra y lo que significa aquí. Y ama al prójimo como a ti mismo. Toda la Ley de los profetas y todo lo que es bueno e importante en la vida y todo lo que Dios quiere de nosotros se resume en ésto.

Y éste es el Evangelio de acuerdo a Jesús, el evangelio que no está escrito en papel y con pluma pero con su vida y con su sangre. Es el Evangelio de la Palabra de Dios quien vivió entre nosotros para que pudiéramos conocerlo, el Evangelio de la Palabra de Dios quien murió por nosotros para que pudiéramos conocer el poder del amor que es tan poderoso que dió su vida por sus amigos y el el Evangelio de la Palabra de Dios Resucitado para que podamos vivir esa misma vida. Es el Evangelio de acuerdo a Jesús, el Dios desconocido, el Dios de la Cruz y de la tumba vacía, el impedimento para los judíos y la locura para nuestras plazas públicas.

Pero Juan escribió este libro, el Evangelio de acuerdo a Juan y Pablo predicó en Atenas las Buenas Nuevas de acuerdo a Pablo, en órden a que lo conociéramos y al conocerlo podamos vivir como él vivió, cargando unos con otros la fruta que el cargó para nosotros.

En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén