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Sermón del Rev. Dayle Casey |
Duos Easter Day - Año A |
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En Chapel of Our Saviour |
Los hechos 2: 14a, 22-32 |
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Colorado Springs, Colorado |
1 Pedro 1:3-9 |
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7 de abril del 2002 |
Juan 20:19-31 |
El domingo pasado, San Juan nos recordaba que María Magdalena había sido la primera persona a quien se le había aparecido Jesús después de su Resurrección. Se le apareció a ella primero porque ella había estado allí presente en la tumba vacía on la mañana del domingo de Resurrección mientras que los otros no habían estado allí.
¿Dónde estaban todos los otros? ¿Dónde estaban los discípulos? Bueno, ellos estaban en sus casas. Allí es donde tuvo que ir María para darles las buenas nuevas.
Y se nos recordaba también que María y otras mujeres eran las que habían estado en el Calvario cuando Jesús murió. Todos los otros se habían ido una vez que Jesús había sido declarado culpable de blasfemar y de insurrección y llevado a Golgota para ser crucificado.
Nos dice Juan que "el discípulo quien era el favorito de Jesús" se encontraba en el calvario con María pero este es el único que lo afirma. Y en ninguno de los Evangelios se hace mención sobre Pedro o Santiago o Tomás o Mateo o de ninguno de los otros quienes hubieran acompañado a Jesús hasta el Calvario y a su tumba. ¿Qué les pasó?
¿Qué le pasó a Tomás? Antes, cuando Lázaro había muerto, Jesús les había dicho a los discípulos que tenía que volver a Judea. La mayoría de los discípulos habían discutido con él. "Pero Señor," le decían "la última vez que estuvimos allí trataron de matarte a piedrazos. No podemos volver." Pero Tomás se había envalentonado. "Olvídenlo", les dijo "vamos también para que muramos con él." Pero Tomás no estuvo en el Calvario ni tampoco en la tumba vacía. ¿Qué le ocurrió a Tomás después que se mostró tan valiente pero no estuvo en el Calvario?
Y ¿Qué les ocurrió a Santiago y a Juan? Hacía poco tiempo cuando ellos habían querido ocupar los lugares de honor cuando vinieran al reino de Jesús? Jesús les había dicho que él tenía que ir a Jerusalén, para ser crucificado y muerto. Y les dijo que no sabían lo que pedían cuando querían estar a su mano derecha e izquierda. "¿ Quieren ser bautizados con el bautismo en el cual yo seré bautizado? les preguntó Jesús. Y Santiago y Juan se habían declarado los discípulos más fieles. "Claro que podemos" dijeron. "¡Estaremos allí!" Pero no estuvieron ni en el Calvario ni en la tumba vacía. Por lo menos Santiago no estuvo. ¿Qué les pasó?
Y tan recientemente como la noche del pasado jueves, del Jueves Santo, Jesús les había dicho a sus discípulos que todos ellos lo abandonarían. No sólo Judas pero cada uno de ellos. " Esta misma noche me abandonarán" les dijo. Pero en la última cena juntos sólamente a horas antes de que el gallo cantara Pedro había dicho " Aunque todos te abandonen yo no lo haré. Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré." "Y todos los otros dijeron lo mismo" nos dice Marcos. Pero Pedro tampoco estuvo allí. al igual que los otros.
¿Qué pasó en la cruz y en la tumba? ¿Dónde estaban los discípulos?
Es obvio que Jesús conocía a sus amigos mucho mejor de lo que ellos se conocían a si mismo porque cuando llegó el momento de la verdad, todos lo negaron. Cada uno de ellos se alejaron cuando vinieron los soldados a aprehenderlo.
Y aquí hoy en el atardecer del Día de la Resurrección, los encontramos bajo llave, muertos de miedo, con el terror de que las autoridades los vengan a buscar para arrestarlos y matarlos por ser amigos de Jesús, crucificarlos como cómplices de insurrección y blasfema.
La pregunta del domingo pasado, la pregunta de la mañana de la Resurrección era
" ¿Por qué de todas las personas que podrían haber visto primero a Cristo Resucitado, había tenido que ser María Magdalena, una de las menos importantes, una de las más insignificantes y perdidas del mundo la que lo vió? Y si hay preguntas para este domingo, para aquellos de nosotros en esa tarde del día de Pascua de Resurrección ellas son "¿Dónde estábamos nosotros?" y "¿Quienes somos nosotros?"
Bueno, nosotros estamos aquí. Nosotros somos la iglesia de Cristo.
Pero ¿Qué significa la iglesia, este lugar donde nos encontramos? Decimos que la iglesia es la comunidad de Jesús , el cuerpo de Cristo. Nosotros somos los que hemos oído las noticias de María, las noticias de que Jesús no está muerto sino vivo. La iglesia es para aquellos que son mandados a glorificar a Jesús después de su resurrección. Pero, ¿Qué significa ésto?
En muchos partidos de fútbol americano es bastante común ver un gran letrero que alguien tiene proclamando "Juan 3: 16" " Dios amó tanto al mundo, que dió a su único Hijo, para que todo aquel que cree en él no muera sino que tenga vida eterna." Sin duda proclamar esta verdad de la Resurrección es ser iglesia.
Pero, ¿En cuántos juegos de fútbol americano vemos a alguien mostrando un letrero que proclama "Marcos 8: 34?" " Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídense de sí mismo, carguen con su cruz y síganme." Sin duda que ésta también es una verdad de la Resurrección tan importante para la iglesia como Juan 3: 16.
Frecuentemente estamos confundidos sobre la iglesia. La Iglesia junta todo tipo de circunstancias. Por ejemplo: no hay una arquitectura en común. Algunas iglesias parecen tenerlo todo; vidrios catedrales en las ventanas con millones de pedazos de vidrio importado, increíbles órganos de viento con diferentes sonidos, coros con muchos cantantes profesionales y ministros tan elocuentes que pueden predicar por horas.
Muchos insisten que lo más importante de una iglesia es que la gente sea amistosa. Otros, como una iglesia en Houston, han invertido millones de pesos en pistas de bolos, una piscina, una sala con televisión gigante de circuito cerrado. Robert Shuller de la Catedral de Cristal dice que lo más importante en una iglesia es tener un estacionamiento gigante porque una iglesia que tiene tal estacionamiento quiere decir que necesita más feligreses.
Otras iglesias consisten en un simple galpón de madera donde tienes que mirar con cuidado para encontrar a la gente bella en vez de a las paredes o a las ventanas. Hay iglesias donde no hay coros, ni órganos, ni predicadores y sin piscinas ni pistas de bolos y donde los pocos que se reunen, esperan sin impaciencia y en silencio que el Espíritu los guíe.
Por lo que, ¿Cuál es la esencia de la iglesia? ¿Cuál es la esencia que hace que sea la iglesia? ¿Qué es lo que todas tienen que hace que nos unamos como los voceros de las buenas nuevas de la Resurrección juntos en un sólo cuerpo? ¿Juan 3:16? ¿Marcos 8:34?
Bueno, en el evangelio de Juan hoy día, en la tarde del día de la Resurrección, encontramos la iglesia de Jesús reunida por primera vez después de su Resurrección. Es una iglesia que no tiene nada que no sea lo esencial. Es una iglesia sin órgano, sin coro sin siquiera un piano. No hay una pista de bolos, no hay piscina, no hay púlpito ni altar, no hay pastor, no hay planes, ni misión clara, ni convicción, no hay nada. No hay ni siquiera esperanza. Es la primera pequeña, miserable congregación que tiene el valor de llamarse "iglesia." Son los amigos personales de Jesús, un grupo pequeño, lleno de miedo, sin esperanza, a la defensiva, escondiéndose bajo llave, como animales cobardes, esperando que nadie en la ciudad descubra que se encuentran allí.
¿Qué tipo de avisos podrá poner esta iglesia en la edición dominical del periódico para atraer a más miembros? nos pregunta Tom Long. "¿La iglesia amiga donde todos son bienvenidos?" No lo creo. "¿La iglesia de corazón dulce y con una misión fiera?" Ni lo pienses. Long nos dice que "Esta es la iglesia con la palma de la mano transpirada y las rodillas que tiemblan."
Aquí encontramos una iglesia común y corriente, excepto por el amor y por la presencia de Cristo resucitado, sin importar que las puertas estén cerradas con llave y los corazones también, donde él está entre ellos, los discípulos decaídos y desanimados y donde les da su Espíritu y su paz.
¿No son así todas las iglesias, cuando se encuentran sin ningún adorno excepto lo esencial? Juan nos muestra a la iglesia en el despertar de la Resurreción, a aquellos que como nosotros, recién han recibido las sorprendentes noticias de la Resurrección. Es una iglesia sin estacionamiento, sin planes hechos por el gobierno y los comités de la iglesia, sin púlpitos y predicadores, sin órganos ni coros, sin presupuestos, sin pistas para bolos, sin piscinas y sin maravillosas ventanas, sólo un grupo de perdedores que están confundidos, son tímidos, cobardes y miedosos los seguidores de Jesús.
Juan recuerda como hemos llegado hoy hasta aquí. Hace tres días, uno de nosotros, Judas, usó el beso de la paz, un signo de la amistad para informar a la policía acerca de Jesús. Otro de nosotros, Pedro, salvó su pellejo al negar que alguna vez hubiera tenido algo que ver con su mejor amigo. Todo el resto de nosotros, huímos de miedo abandonando todo principio que habíamos prometido seguir, dejando a Jesús en manos de un falso tribunal el cual lo declaró culpable de un crimen que no había cometido y que lo ejecutó de la manera más monstruosa posible. Esos éramos nosotros, los amigos de Jesús tres días atrás.
Y entonces, en la mañana bien temprano María Magdalena y otras mujeres fueron a la tumba de Jesús. Iban para poder ungir el cuerpo de su amigo, que es más de lo que nosotros los hombres nos habíamos atrevido a hacer. Y cuando llegaron a la tumba, la encontraron vacía. "¿Andas buscando a Jesús?" les preguntó un hombre que estaba cerca de la tumba. "No tengan miedo. El no está aquí. El ha resucitado. Vayan y díganle a Pedro y a los otros que él quiere verlos otra vez." Considerando el Viernes Santo, ¿eran esas nuevas algo que esperábamos?
Es por eso que más tarde ese mismo día, nuestro grupo de personas que dábamos pena, muertos de miedo, de almas tímidas, nos encerramos bajo llave con temor, con la única esperanza de que nadie en la ciudad supiera donde estábamos. Pero nuestro amigo, al que habíamos traicionado, al que habíamos negado y habíamos entregado para ser crucificado hacían tres días, apareció entre nosotros y nos dijo "La paz. Que la paz esté con Uds."
Como dice John Claypool es el más increíble milagro de la Resurrección. No de que Dios resucitara a Jesús de entre los muertos pero que después de todo lo que le habíamos hecho a su Hijo el Viernes Santo, Dios había mandado de vuelta a su Hijo bienamado. Juan 3:16. El más grande milagro de la Resurrección no fue que Dios resucitara a Jesús de entre los muertos. Eso no era nada en comparación a lo que Dios había hecho al crear el mundo de la nada. El más grande de los milagros de la Resurrección es que Jesús quisiera vernos otra vez después de lo que había ocurrido el Viernes Santo y que quisiera darnos su Espíritu, que quisiera ofrecernos su paz.
"Que la paz esté con ustedes" dijo por segunda vez, Y entonces enviando su aliento a nosotros nos dijo "ahora quiero que se vayan de aquí y hagan lo mismo que yo he hecho por ustedes a otros." Marcos 8:34. Y nuestro trágico grupo de desvergonzados, aterrados, de almás cobardes formamos la iglesia.
Todas nuestras hermosas vestiduras y pretenciones espirituales no hacen a una iglesia. La esencia de la iglesia es la presencia de Nuestro Señor herido, vivo, la presencia al que traicionamos, negamos y crucificamos quien regresó reconciliándonos a él y a Dios, perdonándonos a pesar de lo que le habíamos hecho. La esencia de la iglesia es la presencia del que nos da a todos nosotros, los miedosos, los de almas tímidas el espíritu y el ministerio del perdón y de la reconciliación una y otra vez a lo largo del camino. Nuevamente Marcos 8:34.
La vida es un regalo, como la iglesia. Como el servicio. Como los ministerios que buscamos hacer en el nombre de Cristo son regalos. Y si no tomamos conciencia de esto, estaremos sumamente confundido con lo que significa la iglesia.
San Pablo nos dice "es el amor de Cristo que nos obliga," porque estamos convencidos que Cristo murió por nosotros para darnos una nueva vida. Somos una nueva creación y todo es un regalo de Dios "quien nos reconcilió a él en Cristo, sin contar nuestros pecados en nuestra contra. Y él se ha comprometido con nosotros en el mensaje de la reconciliación. Por lo tanto, nosotros somos los embajadores de Cristo como si Dios estuviera haciendo su invocación, a través de nosotros." Este es otro letrero para los partidos de fútbol y para la iglesia: 2 Corintios 5:18.
Todos nosotros que nos preparamos para el servicio religioso de cada semana hemos aprendido ésto, que un servicio religioso en si es un regalo. Con mucho cuidado selecionamos cada himno, coordinando todo con las lecturas de ese día. Preparamos los boletines para asegurarnos de que todos sepan "donde estamos" durante el servicio. Pasamos horas cada semana preparando los sermones que esperamos sean edificantes espiritualmente. Pero sabemos que a pesar de todos nuestros planes, el servicio – el verdadero servicio el "Mi – Señor – y – mi - Dios" tipo de servicio de Tomás, el "¡Maestro!" tipo de servicio de María Magdalena – no es algo que podemos crear. Es el regalo puro y simple, Dios mismo dándonos espíritu una vez más y el ministerio del perdón, porque nos ha perdonado.
De hecho me pregunto aveces si todos nuestros planes tan laboriosamente hechos, todas nuestras elecciones y evaluaciones no son quizás otra manera en la que cerramos la puerta con llave como los discípulos, otra manera en la cual mantenemos las cosas fijas, amarradas, bajo control, otra forma de miedo y muerte.
Pero aveces, -- ¿Quién sabe? Quizás hoy sea el día – cuando la gracia de Dios, el Dios Vivo se meta por las puertas cerradas bajo llave y se meta por entre el miedo y la muerte y ahí hay un verdadero servicio, no el servicio que hemos creado pero el servicio como regalo, el servicio de la paz, el servicio del perdón y de la reconciliación. Y nos sacamos los zapatos y por la gracia de Dios decimos como dijo Tomás "Mi – Señor – y – mi - Dios" y nos hacemos iglesia.
Cuando llegamos a la esencia, ¿no es la paz lo que el Jesús del perdón nos ha dado y es la única cosa que tenemos que ofrecer como la iglesia que es esencial? "¡Qué la paz esté
con ustedes!" No sólo la paz en la franja de Gaza o en el Lado Occidental pero la paz de Dios reconciliándote con la persona a tu lado y a ella contigo, la paz entre uno que hemos negado y hemos traicionado o hemos ofendido y nosotros, los que niegan, los traidores, los que ofenden. Es un regalo, la paz que pasa todo entendimiento, el regalo de la presencia al que traicionamos el jueves y crucificamos el viernes, su presencia aquí con nosotros, sin engaños, encerrados bajo llave entes de saber las noticias que tiene María.
¿No está la iglesia desnuda de lo esencial? Sí, Juan 3:16. Pero también Marcos 8:34 y 2 Corintios 5:18 – que el que quiera seguir a Jesús tiene que tomar su cruz para seguirlo. Seguirlo hasta el Calvario y hasta la tumba vacía y aún más allá hasta la franternidad con las personas que sienten miedo, que todavía están reviviendo los hechos que ocurrieron el Viernes Santo y las buenas nuevas de la Resurrección, ahí, para ofrecerles a los otros la paz y la reconciliación que nos trae la Resurrección. ¿No son todas las maravillosas decoraciones y ejercicios espirituales y los planes parroquiales y los comités y los presupuestos para ésto, si es que en realidad significan algo?
La Iglesia es para recordarnos de esta verdad. Si es una enorme catedral o una simple iglesita de campo, si tiene una misa solemne con todas las de la ley o una reunión de los Cuáqueros, la iglesia nos recuerda quienes somos y a quien pertenecemos. La Iglesia – "Mi – Señor - y – mi - Dios" que es el tipo de servicio de Tomás – es para recordarnos de todos los planes y de todas las casas de paja que construímos. La Iglesia, en sus raices es como la vida. Es un regalo, puro y simple porque está centrada en Aquel a quien negamos pero que su amor reconciliador por nosotros entra a través de las puertas cerradas con llave de nuestro miedo y hace posible que nos perdonemos mutuamente.
Por supuesto que, parte del regalo, es la presencia de Cristo, la presencia del único que buscamos para adorar en este Segundo Domingo de Resurrección cuando todavía estamos tratando de entender las noticias tan sorprendentes de María Magdalena. Pero, otra parte del regalo es la gente que viene a glorificarlo. "Puedes escoger a tus amigos," dice el pastor Rich Mayfield a su congregación en Dillon "pero no puedes escoger a tu familia. Y amigos míos, ésta es tu familia. Aunque parezcamos un grupo de gente decente, todos nos damos cuenta que hay personas sentadas aquí que preferiríamos que no estuvieran. Pero no tenemos otro remedio. Fue el Espíritu Santo quien los trajo, al igual que a tí y a mí.
Me imagino que lo mismo pasa aquí en la capilla de Chapel of Our Saviour. El mismo Espíritu Santo trajo a Tomás a esa primera reunión que daba pena, el mismo Espíritu Santo quien te trajo a tí y a mí aquí hoy para adorar a Dios, buscando a Dios hoy, el mismo Espíritu Santo quien trajo a Jesús hoy aquí, que trajo a los otros también, cosa que podamos reconciliarnos el uno con el otro porque Dios se ha reconciliado con nosotros a través de Cristo. Eso es lo que es ser iglesia, el gran milagro de la Resurrección.
En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.