El quinto domingo de Cuaresma

Sermón del Rev. Dayle Casey

El quinto domingo de Cuaresma - Año A

En Chapel of Our Saviour

Ezequiel 37:1-3, 11-14

Colorado Springs, Colorado

Romanos 6:16-23

17 de marzo del 2002

Juan 11:17-44

 

Por donde nos demos vuelta nos encontramos con la muerte.

Esta mañana, todas las lecturas bíblicas se refieren a la muerte. Ezequiel, exiliado en Babilonia tiene una visión de un valle que está lleno de huesos. " El Señor me hizo recorrer el valle en todas direcciones; los huesos cubrían el valle, eran muchísimos y estaban completamente secos. Entonces me dijo: ¿crees tú que estos huesos pueden volver a tener vida?' Yo le respondí: 'Señor, sólo tú lo sabes."

En la lectura del evangelio también nos encontramos con la muerte por todas partes. Cuando continuamos con la historia esta mañana, Jesús está a días de su muerte. Se encuentra al otro lado de Jerusalén por el río de Jordán, cuando le llega la noticia de que su amigo Lázaro ha muerto. Y cuando les cuenta a sus discípulos que necesitan volver a Judea, los discípulos no están de acuerdo. Le recuerdan de las amenazas contra él la última vez que estuvieron allí, cuando las autoridades querían matarlo. Y cuando Jesús les habla claro de que está decidido a ir, Tomás uno de los discípulos de Jesús llama a uno de sus correligionarios y le dice: " Vamos también nosotros, para morir con él." Y llegan a Betania y encuentran a Lázaro muerto, bien muerto, pués ha estado en la tumba por cuatro días y han usado una gran piedra para sellar la sepultura. Y María y Marta, que eran dos mujeres solteras, sin maridos y ahora sin siquiera un hermano para que las cuidara, estaban más muertas que vivas sin él.

Pero no sólo en el valle de Ezequiel y en la tumba de Lázaro lo encontramos. Adónde sea que nos encontremos parece que está la imagen del olor a la muerte. "El salario del pecado es la muerte," nos recuerda San Pablo y los periódicos de la mañana están llenos de ellos. Desde la caída de las Torres Gemelas, el otoño recién pasado, hasta la franja de Gaza hoy, del juicio de Andrea Yates en Houston por asesinar y causar alboroto en las ciudades de Manitou Springs y de Colorado Springs, de una avalancha cerca de Aspen a las notas de funerales diarios, en todas estas cosas vemos los huesos, los huesos secos de la muerte.

Nadie se escapa de la muerte. La muerte es la compinche de la vida. Roy Rogers no habría podido ser Roy Rogers sin Gabby Hayes, ni el Jinete Solitario habría sido el Jinete Solitario sin Tonto. Y ¿qué sería de Frodo sin Sam o de la vida sin la muerte?

Algunos hacen la acusación de que el cristianismo no es realista con respecto a la muerte, que lo nuestro es una fantasía, una suerte de torta en el cielo. Nada podría estar más lejos de la verdad. La muerte es un hecho tan universal como la vida, la constante compañera de todas las criaturas vivientes. Jesús lo sabía. La fe cristiana mira a la muerte de frente.

Si se dijera la verdad, si existiera un lugar donde la gente todavía no ha aceptado la muerte es el la sociedad secular, no la de la fe cristiana. Todo lo que tienes que hacer es echar una mirada a tu alrededor nos dice William Willimon. Mira donde ponemos nuestro dinero. Mira nuestros edificios. "Esta magnífica capilla gótica fue una vez la más grande, la más enorme en toda la ciudad universitaria (de la Universidad de Duke), nos dice Willimon. "Pero ya no existe como tal. Ahora es el hospital universitario. ¿Qué nos dice éso?" nos pregunta.

Una de las razones por las cuales el hospital es tan grande, nos dice Willimon: "Es que nos sirve como nuestra gran protección a lo que tanto tememos, la muerte. Y pese a que el Hospital de Duke no ha encontrado una cura para nuestra muerte, de todas maneras es lo mejor que tenemos para prevenirla, por lo tanto, he ahí la razón por la cual ponemos la mayoría de nuestras finanzas para ayudarla."

Nosotros los humanos, especialmente los norte-americanos, nos gusta pensar que somos libres. Pero en realidad es la muerte la que nos controla y nos manipula. Los faraónes tenían sus pirámides y nosotros tenemos nuestras bicicletas de ejercicios, las máquinas para caminar en el mismo lugar, los hospitales y los planes de salud y correr despacio, todos en un esfuerzo para prevenir la muerte. Pero los hechos nos demuestran que ni los planes de salud de Hillary (Clinton) han resuelto que no muramos. En referencia a prevenir la muerte ni con todos los programas de ejercicios o con los mejores sistemas de salud que tenemos lo hemos logrado, todos han fallado 100%. El hecho es que nos tenemos que morir. Y mientras esperamos a la muerte, la muerte está manipuleando las cuerdas y moviéndonos a su gusto porque le tenemos miedo a morir y a la muerte en si.

Marco Aurelio, el estoico romano, decía que el gol de las personas sabias era no dejarse manipulear, no permitir descolocarse por cosas fuera de uno mismo. La sabiduría y la libertad ocurren, nos dice, en el momento de tomar posesión de la vida para que nadie ni nada pueda controlarnos a su gusto.

Lo mismo que decía Jesús. Lo mismo que decía Jesús quien sabía que la muerte era un hecho y un enemigo pero que a pesar de éso, vivió sin miedo a la muerte y caminó al Calvario con esperanza.

¿Cómo lo puede lograr uno? ¿Cómo podemos tener ese tipo de libertad que tuvo Jesús cuando se dirigía hacia las autoridades en Judea quienes estaban esperándolo para matarlo, esa libertad que es la libertad misma, la libertad de vivir sin ser manipuleado por el miedo a la muerte? ¿Cómo lo hizo Jesús y también Pablo después de él, de mirar a la muerte de frente sin siquiera pestañar y dejar esa experiencia con esperanza en vez de amargado, victorioso en vez de vencido? ¿De dónde sacaron la fuerza, la fe, la confianza?

Nos dice H.A.Williams que "la fe es el descubrimiento de que soy más de lo que sé y veo." Jung nos dice lo mismo en el libro que vamos a discutir mañana por la noche. Jesús lo supo antes que ellos.

"Soy más de lo que sé y veo." Eso me parece a mi que es la fe que Jesús tenía, la fe que le legó a Pablo, una fe que la podemos hacer nuestra, una fe que nos puede salvar cuando enfrentemos a la muerte.

Jesús llegó a la tumba de Lázaro. Ahí en Betania él puede ver la vida y la muerte. El sabe que ambas son reales. El puede ver a Lázaro en su tumba. Pero su pregunta es ésta:

"Estamos atados a la muerte? o ¿Hay algo más? ¿Puedes revivir estos huesos?

Lázaro es más de lo que puede saber o ver al igual que yo, le dice a Marta y a nosotros. Ya que el que tiene el poder de crear también tiene el poder de redimir porque es el Señor de todo. No es sólo el Señor dela vida sino que también el Señor de la muerte.

En el principio de todo: Dios. En el principio de todo, Dios encaró a la muerte y ganó. De la nada, Dios hizo el mundo. En el principio, Dios tomó la tierra y sopló con su húmedo aliento y creo la vida de huesos muy secos. Si Dios pudo hacer éso, entonces Dios lo puede volver a hacer ahora. ¿No era esa la manera en que Jesús vio las cosas ese día en Betania, camino al Calvario?

Por lo que Marta le dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto." Y Jesús le contestó: "Tu hermano volverá a vivir." Y Marta le recitó los huesos secos a Jesús, los huesos secos del Creo: "Sí, ya sé que volverá a vivir cuando los muertos resuciten, en el último día." Y Jesús le dijo "Yo soy la resurrección y la vida. El que crea en mí aunque muera, vivirá y todo el que todavía está vivo y cree en mí, no morirá jamás. Lázaro es más de lo que puedes ver y saber y yo lo mismo. ¿Crees ésto?" Y ella le contestó, "Sí Señor, lo creo."

Por lo tanto fueron a la tumba, donde todos lloraban. Y Jesús lloró también porque él es un hombre que sabe lo que es el sufrimiento y la pena intensa y odia la muerte. Jesús dijo "Saquen la piedra." Y Marta, la vieja realista, práctica y centrada en lo ordinario objetó. "Señor," le dijo, "ha estado muerto por cuatro días. Ya huele mal."

Pero con una voz suficientemente alta, como para despertar a los muertos, Jesús gritó "¡Lázaro, sal de ahí!" Y el hombre muerto salió con las manos y los pies atados con vendas y la cara envuelta en un lienzo. Estaba todo atado, con destino a la muerte. Como una momia. Y Jesús dijo: "Desátenlo y déjenlo ir."

¿Qué explicación le podemos dar a todo ésto? ¿Como podemos entender esta historia de la resurrección aquí, dos semanas antes que el mismo Jesús muriera?

Esto es lo que significa para mí: Dios odia la muerte y donde Dios encuentre a la muerte, la conquista. Aún durante la cuaresma. Aún en la tumba.

En el comienzo de todo: Dios. En el comienzo de todo, Dios encaró a la muerte. De la nada hizo al mundo. En el comienzo de todo Dios tomó un puñado de tierra y con su aliento húmedo creo la vida de huesos muy secos. Si Dios pudo hacer éso entonces, con mayor razón lo puede hacer ahora, en Betania y en Colorado Springs.

Jesús al hacer remover la piedra en la tumba de Lázaro y desatándo a Lázaro y dejándolo ir libremente, es el sacramento de lo que Dios hace cuando Dios se encuentra con la muerte. Y justo unos días después, Jesús, inspirado por Dios de su propia tumba caminando libremente significa que es el sacramento de lo que Dios puede hacer cuando se encuentra con la muerte donde sea. Cuando Dios se encuentra con la muerte, la muerte es derrotada y la vida y la libertad son creadas.

Ha sido de esa manera desde un principio con Dios. Dios no será controlado por la muerte. Jesús no será controlado por la muerte porque Jesús sabe que él es la gracia y el poder de Dios, más de lo que podemos saber o ver. Y aunque la muerte, con lo real que es, es negada por la victoria que la busca.

Por lo tanto ¿Qué nos ocurrirá a nosotros? ¿Qué nos ocurrirá ahora? ¿Pueden vivir estos huesos? La muerte se mantiene como un hecho de la vida hoy en día. ¿Estamos atados a ella?

Tomás Moro, el mártir inglés del siglo diez y seis, rehusó ser controlado por la muerte. Al igual que Jesús, rehusó tener miedo al encararse con la muerte porque él sabía que él era más de lo que sabía y veía. Al igual que todos los mártires cuando la muerte fue impuesta para él, Moro encaró a la muerte con confianza y esperanza porque él sabía que negar la verdad era negarse a si mismo, la cual habría sido una muerte más terrible que la propia muerte, sería vivir una vida infernal. Por lo que escogió subir al patíbulo en vez de matar lo que era y que Dios había creado para que fuera. Escogió, en otras palabras, vivir aunque tuviera que morir. Vivir con la gracia de Dios.

Se dice que mientras Moro subía al patíbulo, sus últimas palabras fueron: "Véanme a salvo en lo alto. Debido a mi fracaso puedo escoger por mi mismo." ¡Maravilloso! Donde en realidad necesitamos ayuda es con la vida, no con la muerte. "Véanme a salvo con mi estilo de vida. Por mi fracaso puedo escoger por mi mismo."

¿Es posible que cuando todo haya llegado a su fin, nuestro gran temor no sea en realidad la muerte sino la vida? ¿Miedo a no ser quienes en realidad somos? ¿Miedo a nunca haber vivido el regalo que Dios nos dió con su aliento? "Señor, venos a salvo en lo alto. Ayúdanos a vivir para que cuando la muerte venga no nos pique." Esta es la plegaria para todas las estaciones del año.

La muerte nos esta ganando el camino. Es un hecho de la vida. La muerte es la consequencia de ser de carne y hueso. Pero, ¿Qué tiene éso que ver con el miedo? Porque Dios si es el Señor, es el Señor de la muerte tanto como el Señor de la vida y él nos ha dado lo que necesitamos para ambas, el regalo de la fe, de esa fe, de esa confianza que significa que somos más de lo que sabemos y vemos, más aún de la muerte que podemos ver. Es por eso que no tenemos que estar atados a la muerte.

Como Ezequiel, no podemos ver más allá de la muerte. El Señor pregunta: "Hijo del hombre, pueden esos huesos bien muertos vivir? Y debemos responder como lo hizo Ezequiel diciendo: " No sé, Señor. ¿Por qué me lo preguntas a mí? Sólo tú sabes la respuesta a éso."

Pero podemos tener esperanza más allá de la muerte. "Porque yo se los digo" nos dice el Señor. "Digo, huesos secos, oigan la palabra del Señor y haré que mi Espíritu entre en

Uds y así puedan vivir."

¿No es ésa la esperanza de Jesús, la esperanza fundada en la promesa de Dios para que la vuelta a la vida de Lázaro y la resurrección de Jesús sean los milagros que están en nuestro camino, milagros que Dios nos hará para darnos la vida aunque estos huesos estén secos y viejos?

Jesus le dió a Lázaro unas pocas semanas o unos pocos años más de vida de carne y hueso. Pero eso en realidad no es tan extraordinario como parece. Dios nos da a tí y a mí el mismo regalo en este mismo momento. La pregunta es: ¿Pueden vivir estos huesos?

¿Aceptaremos el regalo en este instante, el regalo del Espíritu y del aliento de Dios para vivir una vida que Dios quiere que vivamos, la vida de la verdad y de la integridad que Tomás Moro vivió en su camino a la muerte en el cadalso? ¿Aceptaremos el regalo ahora, el regalo del Espíritu y del aliento de Dios y viviremos la vida fundada en el amor que Jesús vivió en su camino a la muerte en la Cruz? ¿Aceptaremos el regalo ahora, el regalo del Espíritu y el aliento de Dios para vivir una vida donde triunfe la verdad y el amor como ellos la vivieron, con fe, con confianza de que a Dios se le puede creer en su palabra, confiando que la carne y huesos no son el final para nosotros pero que somos más que lo que podemos saber y ver?

Las buenas nuevas del evangelio son que en Cristo, Dios nos ofrece más de unos años de carne y hueso. Nos promete darnos vida, aún a estos huesos viejos y secos. Nos ofrece la victoria sobre la muerte misma, una nueva vida, una vida que es más de setenta años de carne y hueso. El nos ofreció desatarnos de la muerte y dejarnos libre para vivir el presente.

Quizás Frederick Buechner es el que nos expresó las buenas nuevas mejor que nadie. "Estás viendo todo por la última vez" escribió "Y todo lo que ves esta adornado con despedidas: la mano del niño como una estrella de mar sobre la almohada, tu mano en la perilla de la puerta, el perro salchicha bajándose sigilosamente del sofá cuando entras por la puerta...."

"Estás viéndolo todo por última vez: la habitación donde por años has pasado tantas Navidades, la nieve cayendo tan fuerte sobre las ventanas que aveces la nieve empieza a caer en la habitación, la luz de la Navidad que recae sobre las mesas, los libros, las sillas..."

"Estás viéndolo todo por última vez: el árbol chillón en la esquina de la habitación, la familia toda sentada allí porque no pueden salir debido a la nieve, paralizados por la nieve que los hace sentir que nunca acabará...."

"Y ahora, hoy día todo pasará, porque es el último día. Por última vez verás como cae la lluvia y en tu mente, esa tormenta de nieve en Navidad hace tantos años atrás: el niño duerme, el árbol llamativo en la esquina, el perro moviéndose cautelosamente a su almohada cerca del radiador..."

"Por última vez oirás como la casa vibra porque tú eres parte de su vida que también vibra. Todas las promesas no cumplidas, si quieres cumplirlas, tienes que hacerlo ahora. Todas las palabras no formuladas, si no las formulas ahora, nunca serán formuladas. Las personas a las que tú amas y las que te aburrían al máximun, toda la vida que tienes para vivir con ellas si no las vives ahora nunca serán vividas..."

"Es el primer día porque nunca ha ocurrido antes. Y es el último día porque no ocurrirá otra vez. Vive plenamente si puedes la totalidad del día, de este día de tu vida. Sigue a tus pies, empieza a hacer café, empieza a hacer el jugo de naranja, el tocino, las tostadas. Entonces, anda a despertar a los niños y piensa sobre tu vida y tu rutina y el trabajo de tus manos...." (The alphabet of Grace/ El Alfabeto de la Gracia, pág. 39 - 40)

Estos huesos pueden vivir. Piensa en la vida que Dios te ha dado con su aliento hoy. Piensa sobre la vida que puedes escoger hoy agregándole al mundo más dolor y pena o a través de la gracia y el aliento de Dios dándole al mundo que tú conoces y ves las bendiciones y la alegría y la vida de Dios mismo.

En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.