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Sermón por el Rev Michael Richardson |
Para el tercer domingo de Cuaresma – Año A |
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En Chapel of Our Saviour |
Exodo 17:1-17 |
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Colorado Springs, Colorado |
Romanos 5:1-11 |
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3 de marzo del 2002 |
Juan 4:5-26, 39-42 |
Jesús le pidió a una mujer samaritana que le diera un vaso de agua para beber. Inmediatamente ella se dió cuenta que algo raro pasaba ya que habían dos cosas que no calzaban. La primera consistía en que ella era una samaritana y la segunda porque era mujer. Déjenme que se los explique brevemente. Hace muchos años cuando vino el exilio de los judíos a Babilonia, la gente de Samaria no fue llevada al exilio pero se quedaron en su tierra por órden de los conquistadores, los que más tarde se mezclaron y se casaron con ellos. Muchísimos años antes, la gente de Samaria había hecho el culto a Dios en la montaña que quedaba cerca de ellos en cambio los judíos habían adorado a Dios en el Templo de Jerusalén.
Cuando los judíos volvieron del exilio, encontraron que los samaritanos se habían casado con personas fuera de su fe y que todavía hacían el culto a Dios en la montaña.
Mientras los judíos reconstruían el Templo se alejaban más y más de aquellos que se habían quedado en sus tierras, quienes no eran parte de los exiliados y que rechazaban la participación en la vida del terruño. A los samaritanos se les consideraba antiguos traidores y que encima habían corrompido la verdadera religión de los judíos. Los judíos no querían tener nada que ver con ellos y ni se juntaban con ellos tampoco. La mejor manera de entender ésto es llamarlos como son llamados ahora. Los samaritanos de ayer son los palestinos de hoy. Ellos tenían la misma relación con los judíos de la que tienen los palestinos hoy con los judíos. Es como si un judío caminara por la frontera y le pidiera a un palestino que le diera de beber. El segundo problema que existía entre ellos está basado en la antigua costumbre de que los hombres no debían hablarle a una mujer que no fuera su pariente. Esta costumbre no fue creada por el Talibán ni tampoco por Islám pero es una costumbre muy común en el Medio Oriente.
Aquí encontramos a alguien a quien Jesús no debía hablarle. La historia dictaba que cada grupo se mantuviera enemistado con el otro. Pero Jesús no permitió que nada impidiera llevar a cabo su misión; la misión de mostrarle a la gente que son realmente los seres de Dios y amados por Dios de una manera totalmente diferente. Encuentra a Jesús donde sea y encontrarás la relación con Dios. Eso es lo que encontró la mujer, una relación con Dios que era nueva y estaba llena de amor. Y entonces ella guió a todos los de su aldea a tener esa relación con Dios. No lo dice claramente nuestra historia pero la gente de esa aldea aunque estaban tan preocupados de donde hacer el culto a Dios y que leyes seguir, sin duda sabían que lo importante era amar a Dios de todo corazón y amar a su prójimo como a ellos mismos. Y probablemente preguntaron quien era su prójimo. Probablemente Jesús les contó la historia de un judío, un judío fariseo quizás quien encontró a un viajero a quien le habían robado y le habían pegado y lo habían dejado por muerto. Y el judío se llevó al samaritano a su casa y lo cuidó hasta que se mejoró y lo dejó ir no sin antes darle suficiente dinero para que pudiera volverse a su casa a rehacer su vida.
Como la historia del Buen Samaritano que le había contado a los judíos, podría haberle contado la historia del Buen Fariseo a la gente de esa aldea en Samaria.
Seguramente que al principio, la gente de la aldea no querrían creer la historia. ¡Un judío ayudando a un samaritano! Entonces vieron a este Judío en medio de ellos, amándolos y no rechazándolos y sintieron que ésa era la manera del verdadero amor. Esa era la manera que Dios amaba. Ahora, la gente de la aldea sabía que habían sentido el verdadero amor de Dios por ellos y podían creer que cosas nuevas sobre Dios y sobre el amor.
He aquí una historia sobre el amor. Nos viene del libro de Historias para Contar por William R. White.
Un día un perrito salió a dar un paseo por la finca de su amo. Cuando llegó a la caballeriza donde se les daba de comer a los caballos, oyó a uno de esos enormes animales que le hablaba. "Debes de ser nuevo por estos lados," le dijo el caballo. "Pronto te darás cuenta que el amo me quiere más a mi que a ningún otro animal porque yo le llevo las cargas más grandes. Me imagino que un animal como tú, tan pequeño, no será de gran uso para él."
El perrito bajó la cabeza y estaba listo para irse de allí cuando oyó a una vaca en la próxima caseta que le decía, "yo tengo el lugar más privilegiado en esta finca porque la dueña puede hacer mantequila y queso con mi leche. Tú, por otro lado, no provees nada de valor a la familia."
"Oye vaca, tu posición no es ni mejor ni peor que la mía," le dijo el cordero. "Yo le doy al amo la lana para su ropa. Le doy calor a toda la familia. Tienes razón con respecto al perro," concluyó el cordero. El no le provee nada al amo.
Uno por uno los animales se metieron en la conversación, hablando de su posición privilegiada en la finca. Las gallinas contaron como ellas poveían con sus huevos y el gato que era famoso por su rapidez mental, contó como él cazaba a las ratas de la casa hasta que no quedara ninguna. Todos los animales estaban de acuerdo en una cosa: el perrito no servía para nada a la familia de granjeros.
Herido por las críticas de los otros animales, el perrito encontró un lugar lejos de todos los otros animales y empezó a llorar. Un perro viejo oyó los sollozos y se paró para escuchar la historia que el perrito le contaba sobre lo que los otros animales le habían dicho. "Tienen razón," dijo el perro viejo "no puedes empujar la carreta. Nunca producirás huevos, leche o lana. Pero es una idiotez llorar por lo que no puedes hacer. Debes usar el don que el Creador te dió de traer risas y alegría."
Esa noche cuando el amo llegó a su casa exhausto después de haber pasado largas horas al sol, el perrito corrió hacia él, le lamió los pies y saltó a sus brazos. Tendiéndose en la tierra, el amo y el perrito juguetearon en la hierba.
Por fin, tomándolo en sus brazos y poniéndolo en su pecho el amo le dijo " No importa lo cansado que esté cuando vuelvo a casa, me siento inmediatamente mejor cuando me vienes a saludar. No te cambiaría por ninguno de los otros animales en esta finca."
Podemos ser sólamente lo que somos y ver que Dios todavía nos ama porque Dios nos hizo para amarnos. En la historia, todos los animales sabían lo importante que eran para su amo pero pensaban que se debía a que ellos le proveían algo a él.
Lo importante es saber que no importa lo buenos que somos o como hacemos posible los deseos de Dios. Lo importante es Dios. Dios escogió amarnos tal cual somos. La mujer no hizo nada para que Jesús la aceptara, fue su decisión. Lo mismo pasa con Dios.
¿Significa entonces que no necesitamos crecer y cambiar? Por supuesto que nó. Nuestras vidas se enriquecerán si crecemos.
Mi vida será enriquecida si escojo amar a mis semejantes de la misma manera que Dios me ama. Al amar, puedo darme cuenta del amor que Dios tiene por mí. Pero ése no es el punto de hoy. El punto de hoy es que Dios te ama sin importarle donde estás y quien eres.
Tenemos tendencias a pensar que Dios nos ama si las cosas van bien. Si la casa está limpia y los niños están bien vestidos y se portan bien, si las acciones en la Bolsa de Comercio están subiendo y nuestro trabajo es más o menos seguro, si sacamos buenas notas en la escuela, si le caemos bien a todos, si nuestro equipo gana el Campeonato de Hockey, si nuestro país se adjudica suficientes medallas de oro, si el auto sigue caminando sin problemas y toda la familia está sana, entonces, sólamente entonces, Dios nos ama.
Pero ¿Qué ocurre cuando alguien en la familia está enfermo? ¿Qué pasa si recibimos malas notas en la escuela? ¿Qué ocurre cuando pese a que hayamos estudiado mucho para el examen no sabemos la respuesta a muchas de las preguntas? O ¿si no hemos estudiado como corresponde porque sentimos que no le importamos nada a nadie? ¿Qué pasa si nuestro trabajo se ha ido a las pailas al igual que la Bolsa de Comercio? ¿Qué ocurre si los niños no se portan bien y la casa está hecha un asco? ¿Qué pasa si nuestros padres no se portan como corresponde? ¿Qué ocurre entonces? ¿De todas maneras nos ama Dios?
Y si Dios nos ama ¿Por qué lo hace? ¿Qué razón existe para que alguien nos ame cuando no somos de lo mejor? ¿Cuándo no somos perfectos? ¿Por qué nos va a amar Dios si no lo merecemos? Esas son las razones que nos preocuparán mientras sigamos pensando que
a. Dios nos ama porque hemos resuelto todos nuestros problemas, gozamos de buena salud o
b. Gozamos de buena salud y tenemos todos nuestros problemas resueltos porque Dios nos ama.
Esa en realidad es lo que nos cuenta la historia de Job. Job tiene fe en Dios hasta que alguien en el cielo dice que Job tiene fe porque todo le ha resultado bien en la vida. Por lo tanto Job lo pierde todo. Todo. Su trabajo, sus autos, su casa, su esposa, sus hijos y hasta sus amigos. Nuestros amigos nos dicen que nos quieren y los amigos de Job le dijeron lo mismo pero si era en realidad una persona tan mala que todas esas calamidades se le venían encima, sin lugar a dudas era debido a que él no era digno de su amistad y sus amigos lo abandonaron. Quizás lo volverían a querer si solucionaba todos sus problemas y ya no le ocurrieran más ningún tipo de calamidades. " Ponte las pilas Job y soluciona tus problemas. Cuando todo ande bien como a nosotros, entonces volveremos a ser tus amigos y te querremos."
Esa es la manera en que comprendemos lo que es el amor. Qué debe ser merecido. Sabemos que otras personas no tienen que merecerlo para ser amados. Está bien cuando los amamos sin que se lo merezcan pues éso nos hace ser magnánimos, no nos hace cambiar el amor en nosotros. Pero éso no es lo que Jesús llama amar. No es lo que el Padre llama amar. Dios llama amar, a cuidar a la gente cuando ellos no sabes cuidarse a si mismos. Jesús murió por nosotros mientras éramos pecadores, no una vez que tuviéramos el trabajo perfecto, el auto y la casa perfecta y hubiéramos arreglado nuestros asuntos al punto de ser merecedores de pertenecer a la familia. Dios nos dió una herencia, nos puso en su testamento como una manera de decir., sin siquiera tener ningún tipo de seguridad de que arreglaríamos las cosas. Porque así es Dios. Tú y yo podemos pensar que somos libres de hacer lo que se nos dé la real gana en esta vida pero hay ciertas cosas que no podemos hacer. No podemos hacer que Dios nos ame más y no podemos hacer que Dios nos ame menos. Ese es el libre albedrío de Dios, escoger amarnos, escoger ser vulnerable por nosotros antes de que nosotros estemos de acuerdo en no herirlo.
Un amigo mío está a cargo de llevar a cabo una interesante serie durante la Cuaresma. Cada miércoles, en el atardecer, la congregación se junta para hacer un juicio. Le hacen un juicio a Judas para decidir si Dios puede o no perdonarlo. A las personas se les ha designado un papel, el de Judas, el del fiscal, del abogado defensor, del juez y la de varios testigos. Ellos están a cargo del testimonio, del interrogatorio del fiscal y del abogado defensor todos los miércoles y la discusión con los abogados. Toda la congregación participa como jurado. El último miércoles de Cuaresma ellos votarán a favor o en contra si Judas puede o no ser perdonado. El Domingo de Ramos se abrirán los votos y aprenderán algo sobre si mismos y sobre el punto de vista que tienen de Dios.
¿Cómo votará la congregación? ¿Cómo votarías tú? ¿Tiene Judas que cambiar y arreglar su vida como se debe para que Dios lo ame o Dios lo ama de tal manera de que debido a ese amor él puede cambiar al ver una alternativa y darse cuenta de que aún al herir a Dios todavía es amado por El?
¿Qué pasa con los otros? ¿Tienen que solucionar todos sus problemas para que Dios los ame? ¿Piensan así los judíos? ¿los palestinos? ¿nosotros? ¿Dejará de amarnos Dios si continuamos hiriéndole a El tanto como a nuestro prójimo? Todavía no lo ha hecho y no creo que lo haga. Dios es Dios. Y Dios es amor. Y el amor no nos pregunta si somos palestinos o samaritanos o judíos o cristianos o paganos. El amor no pregunta si nuestra vida es un lio o no. El amor no pregunta si tienes el trabajo perfecto o el auto perfecto o las mejores notas. El amor sólamente pide amor. El amor sólamente pide compartir un vaso de agua. +