Para el quatro domingo de Epifanía

Sermón del Rev Dayle Casey

Epifanía - A

En Chapel of Our Saviour

Miqueas 6:1-8

Colorado Springs, Colorado

1 Corintios 1:26-31

3 de febrero del 2002

Mateo 5:1-12

 

Hace quince años que el presidente Reagan y otros dijeron que marcarían el aniversario de la nave espacial Challenger prometiendo que " nunca la olvidaríamos." Pero, por supuesto que lo hicimos, o ¿no? Porque siempre hacemos lo mismo, porque somos pecadores y éso es lo que es el pecado – olvidar.

"El pecado más grande para un judío es olvidar, olvidar lo que representa, "dijo Abraham Joshua Heschel, el gran erudito y profesor judío del siglo pasado. "Nuestro gran problema," agregó, " no es como continuar pero como volver."

Y lo mismo es para los cristianos. Y para todos los seres humanos.

Fallamos al no recordar quienes somos, porque fallamos recordar de quienes somos. Eso es lo que el profeta Miqueas está tratando de darnos a entender mientras nos llama a que volvamos, que recordemos quienes somos: "Mi gente" nos pregunta Nuestro Señor, "¿Qué les he hecho? Contéstenme. ¿No recuerdan que los saqué de Egipto y los redimí de la tierra de la esclavitud? ¿No se dan cuenta de que me da lo mismo si me dan una pizca en vez de galones de sangre de carnero o ríos de aceite o miles de placas de bronce? ¿No se dan cuenta que lo único que me importa son sus corazones, para hacer justicia y tener misericordia o simplemente para caminar con ustedes? ¿Recuerdan éso?

Pero, por supuesto que no. Porque el mundo olvida. Y olvidamos.

¿Cuántas veces hemos prometido no olvidar? Y no cosas tales como el Challenger. Ese fue un evento muy significativo y sería bueno que lo recordáramos. Pero, no es tan importante como otras cosas que olvidamos.

Es fácil olvidar ¿no?Es fácil olvidar que nada de lo que ocurrirá en lo que llamamos "Super Bowl" (Partido final) hoy es realmente muy importante. En unas semanas, quizás en sólo días se evaporará. Ni siquiera puedo recordar quienes jugaron en el partido del año pasado. Es fácil olvidar lo que no es importante.

Pero es fácil olvidar lo que es importante también porque somos criaturas que olvidamos. Pese a que hace dos semanas tuvimos un día feriado, ¿Cuánto recordamos que hace cuarenta años atrás la sangre de los niños corría por las calles? No en las calles de Gaza o en el Medio Oriente pero en nuestras propias calles. ¿Cuánto recordamos que esos niños y Martin Luther King Jr pagaron con su sangre nuestro olvido, por nuestro olvido de que lo que Dios pide de nosotros es que actuemos con justicia y que amemos la misericordia y que caminemos con humildad a su lado?

Y ¡qué fácil es, sin tomar en cuenta el Cuatro de Julio, olvidar que nuestra nación ha sido rescatada una y otra vez con la fortuna y el honor sagrado de nuestros Padres de la Patria, al igual que con la sangre y el sudor de cientos de miles de hombres, mujeres y niños! Aún el 11 de Septiembre ha empezado a desvanecerse y ¿Cuánto recordamos aún ahora, a aquellos que han dado su vida en Afganistán en los pasados meses?

¿Cuán fácil es para nosotros olvidar, olvidar la esencia, si no las palabras del presidente Kennedy cuando nos llamó a no pedir tanto de lo que nuestro país podía hacer por nosotros sino de lo que podíamos hacer por nuestro país? Cuán fácil es olvidar todos los grandes sacrificios y las contribuciones de la gente que ahora he olvidado, y no puedo recordar, por más que trate, aún ahora mientras hago esta lista.

Desgraciadamente hay más. No sólo olvido estos históricos momentos importantes y su gente; olvido aún cosas más básicas. Olvido quien soy y olvido de quien soy. Olvidamos ¿no? Olvidamos que no nos hicimos solos pero que fue Dios quien nos hizo. Olvidamos que no fueron nuestros brazos ni nuestra gran fuerza que hizo posible este maravilloso mundo y esta rica tierra que difrutamos, todas estas estupendas casas y todo el ganado y el oro y la plata y los ahorros para la vejez. Olvidamos que no fuimos nosotros los que nos proporcionamos toda esta riqueza pero que fue Dios el que nos la dió y quien, cuando nos puso es este magnífico jardín nos dijo "Tengan muchos muchos hijos y llenen el mundo y gobiérnelo porque Uds. son mis ayudantes y los hago respondonsables de como lo controlan."

Olvidamos ¿no? que no somos nuestros pero que pertenecemos a Dios. Olvidamos que son los pobres los que son bendecidos y los que heredarán la tierra. Olvidamos que hemos sido comprados por un precio, redimidos por nuestro olvido por la sangre de Cristo, quien nos ama pese a nuestro olvido.

Predicamos que Cristo fue crucificado, la necedad y la debilidad de Dios, como nos recuerda San Pablo, al igual que les recordaba a los primeros cristianos en Corintios. "La sabiduría de Dios es una necedad para el mundo y la fuerza de Dios es la debilidad del mundo pero la necedad de Dios es más sabia que la del hombre y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza del hombre y la forma de ser de Dios no es la forma de ser del mundo y la forma de ser del mundo no es la manera de ser de Dios." Y éso es importante que lo recordemos…

…porque ésa es la manera en que los pobres heredarán el Reino de Dios.

La debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza del hombre y ésa es la razón por la cual los orgullosos y los fuertes y los ricos y los sabios del mundo no serán quienes verán a Dios y heredarán su reino sino aquellos que ya no dan más. Esa es la manera en la que Eugene Peterson traduce "los pobres de espíritu." Es para aquellos que ya no pueden más y para los sumisos y los misericordiosos y aquellos que sientan sed y hambre, no por carne asada o un buen Brandy pero para los honrados, aquellos que recuerdan que no hay nada en nosotros donde poder refugiarnos, para aquellos que recuerdan que no hay nada en nosotros para hacer alarde, para aquellos que recuerdan que somos personas dependentes, para aquellos que recuerdan de quienes somos y que dependemos de Dios, ellos son los que verán a Dios y heredarán su reino.

Gracias sean dadas a Dios por su Iglesia, pobre y débil como es. La Iglesia es un maravilloso misterio. Hace cosas extraordinarias, a veces. A veces aún en el Nombre de Cristo, aunque a veces, me temo que las hacemos con alarde para nosotros. A través de los siglos, la Iglesia ha edificado escuelas para niños y universidad para el crecimiento del conocimiento. A veces, le ha dado albergue a los que no tienen donde vivir y ha visitado a los enfermos y a los que están solos y a aquellos que están en prisión. Esas y otras, son importantes cosas que la Iglesia ha hecho.

Pero hay una cosa que la Iglesia hace que es más importante, más piadosa, que todas las otras. Es la cosa más importante que hace la Iglesia. Sobre todas las otras cosas, la cosa más importante que la Iglesia hace es congregarnos día a día y semana a semana para recordar, para contar y oir la historia de Dios y de llamar al mundo a que recuerde que no somos de nosotros.

Semana a semana, día tras día, la Iglesia nos reune para ayudar al mundo a recordar que somos responsables ante Dios por el jardín en que nos ha puesto, para ayudarnos a recordar que hemos sido redimidos por un Dios quien es suficientemente necio para derrochar su vida por nosotros para que podamos vivir.

"Los judíos demandan señales, los griegos buscan la sabiduría pero nosotros proclamamos a Cristo clavado en la cruz," nos recuerda San Pablo, como lo hace nuestro culto esta mañana.

Es tan fácil olvidar lo que la cruz realmente fue y es. Es como una persona quien compra una vieja mesa en una venta callejera. Es sólamente una vieja mesa que ha sido pintada una y otra vez, hasta como doce veces, algo barato para poner cosas que están en el suelo del sótano, hasta que un día, el nuevo dueño decide ver que hay debajo de toda esa pintura. Y mientras le quita todas las capas de pintura que han estado sobre la madera por años, descubre una verdadera joya, un mueble exquisitamente bien hecho como un objeto de arte, con lindos colores y finas vetas. Debajo de toda la porquería encuentra una joya de gran precio, no sólo un estante para guardar cosas que no sirven en su sótano pero un tesoro para debe ser usado para servir.

Mark Twain dijo una vez que un libro clásico es el libro del cual muchas personas elogian pero no leen. Lo mismo pasa con la Cruz. La elogiamos y la usamos pero olvidamos que una vez fue usada para nosotros. Hemos degradado la Cruz por muchos siglos, sin mala intención quizás pero de todas maneras seriamente. Adornándola con plata u oro para prenderla sobre nuestra ropa o para colgarla en nuestras murallas, empezamos a creer que es una joya o un mueble, olvidando que es la historia de Dios, un lugar de dolor y de muerte y de amor y como medio de gracia.

Bajo toda la joya está la realidad de la Cruz, la realidad que nos trae aquí para recordar.

Clarence Jordon fue un erudito griego del Nuevo Testamento en la mitad del siglo veinte, un hombre brillante y capáz de la denominación Bautista del Sur quien pasó la oportunidad de predicar en el púlpito de una gran iglesia en los años 40 en órden a establecer, para el horror de sus amigos y del KKK (secta racista) una comunidad multi racial con el propósito de hacer justicia y de amar la misericordia en el sur de Georgia. Llamó a su comunidad Koinonia y allí con su familia de negros y blancos, él cultivó la tierra y escribió. Quizás su libro más famoso es "The Cotton Patch Gospel," (El Evangelio en un trozo de algodón), su traducción de los Evangelios al lenguaje del sur de Giorga. Pero su logro más grande fue seguramente la creación de una Fundación para la Humanidad (Fund for Humanity) un programa de dar crédito sin interés a los pobres a los cuales, él con Millard Fuller crearon y que a la muerte de Jordan, Fuller lo transformó en Habitat for Humanity, (Habitaciones para la Humanidad), la cual busca hacer justicia y amar la misericordia al construir casa de bajo costo pero de buena calidad las cuales son vendidas a familias de pocos recursos con hipotecas sin intereses.

En algún momento, Jordon fue invitado por un amigo seminarista a hablar en la dedicación de una masiva nueva iglesia. Antes de la dedicación, un amigo le mostró a Jordon todo el caro edificio, indicándole los asientos con cojines, las hermosas ventanas de vidrio catedral y el precioso órgano. Después de ver la impresionante sala para servir de centro familiar, el pastor llevó a Jordon afuera y le indicó con orgullo la gran cruz que parecía tocar las nubes. El irradiaba felicidad y le dijo a Jordon, "Clarence, quiero que sepas que la cruz que ves aquí, con todos los últimos adelantos técnicos para la luz, nos costó $15.000 (dólares).

Jordon se sonrió y miró al pastor y le dijo "Amigo, sabes que. Te han estafado." "¿Qué?" le respondió el pastor. Jordon le repitió lo que le había dicho. "Te dije que te habían estafado." "¿Cómo puede ser éso?" le contestó el pastor completamente asombrado. Jordon lo miró y le dijo, "los cristianos pueden recibirla gratis."

De lo que Jordon estaba hablando, por supuesto, era de la verdadera Cruz, en la cual Jesús murió, a la cual venimos hoy día a recordar, la Cruz de la justicia y de la misericordia y del amor, la que Jesús nos invita a tomar y seguirlo.

Los cristianos deberían siempre recordar, como alguien nos ha recordado, " que Jesús no murió en una cruz de oro en un altar entre dos candelabros pero de una manera vergonzosa y dolorosa clavado a un árbol en un cerro entre dos ladrones." Esa es una historia de necedad y de vergüenza y de debilidad del mundo pero que con la gracia de Dios es la historia de la sabiduría y del poder. Es una historia reportada primero por Pablo y los apóstoles hace más de dos mil años y cada día desde ese entonces, una historia recordada fielmente y recordada por la Iglesia y vivida por sus santos.

Hace unos veinte años, en una tarde nevada de enero, un avión de AirFlorida perdió su poder al despegar del aeropuerto de Washington y se estrelló en el rio Potomac. Hubieron algunos sobrevivientes, todos ellos estaban en las aguas congeladas. El equipo de rescate llegó pronto, incluyendo un helicóptero con una soga que fue bajada hacia un hombre desconocido quien trataba de mantenerse a flote. El hombre alcanzó la soga e inmediatamente se la pasó a la persona que estaba al lado de él en el agua. El helicóptero llevó a la persona a salvo. El helicóptero entonces bajó la cuerda por segunda vez al mismo hombre y nuevamente éste se la dió a otro sobreviviente. Tres veces más el helicóptero volvió, cinco veces en total y cada vez el hombre le pasó la soga a otra persona para que fuera rescatada.

Cuando el helicóptero volvió una sexta vez, el hombre ya no estaba, había sido enterrado en las aguas del Potomac, enterrado en las aguas de su bautismo, en las aguas de la vida, de la vida eterna. Y si ése fue su primer bautismo o su segundo – porque no sabemos quien era el hombre o cual eran sus creencias – nadie puede tener tanto amor como ése, dijo Jesús.

"Bendito eres tú cuando estás por tirar la soga, que ya no das más", dijo Jesús; "con menos de tí, hay más de Dios y de su dominio." Ni un dios con señales milagrosas no un dios de racionamiento fue capáz de dar la fuerza y la vida a ese hombre mientras nadaba como podía en el Potomac ese día, pero sí el Dios de la misericordia y del amor, el Dios de la Cruz.

Y "bendito seas cuando cuidas a otros." Esa es la manera que Peterson traduce la palabra "compasión." Bendito seas cuando cuidas a otros; en el momento de ser porque así tú también serás cuidado." Como el niño pequeño que cuidó y le importó su hermana.

Su hermana estaba sentenciada a muerte a menos que recibiera una transfusión de sangre. Su sangre coincidía con la de ella. Los médicos habían tratado de encontrar a un adulto que tuviera sangre compatible pero había sido inútil. Finalmente, cuando la condición de la niña no se podía poner peor, decidieron preguntarle al niño si sería un donador.

El doctor explicó cuidadosamente y pacientemente el procedimiento al pequeño niño y le dijo como su sangre haría que su hermana se pusiera bien y quizás hasta le salvara la vida. El niño lo pensó por un rato. Consideró lo de las agujas y lo de la sangre y finalmente dijo, "Sí, lo haré por mi hermana."

El día de la tranfusión llegó y el niño se subió sobre la mesa. Y mientras los tubos mandaban su sangre saludable a su hermana, se volvió al doctor y le preguntó, "¿Me empezaré a morir pronto?" Nadie puede tener más amor que ése, dijo Jesús.

No fue un dios de signos milagrosos no un dios de razones quien estuvo al lado de ese pequeño niño ese día pero el Dios de la misericordia y del amor, el Dios de la Cruz, el Dios de la vida, el Dios cuya historia recordamos hoy y buscamos para vivir.

En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.