Epifanía

Sermón del Rev Dayle Casey

Epifanía

En Chapel of Our Saviour

Isaías 60:1-6,9

Colorado Springs, Colorado

Efesios 3:1-12

6 de enero del 2002

Mateo 2:1-12

 

Todos los que han leído a Tolkien saben que los "hobbits" son tímidos por naturaleza y les gusta estar siempre en casa. Cuando Gandalf y sus enanos llegan hasta el hoyo donde vive Bilbo Baggins, encuentran a Bilbo haciendo lo que más le gusta hacer todo los días, tomando té y comiendo galletas y gozando de la vista que tiene en su terraza del frente.

Gandolf y los enanos quieren que Bilbo se haga parte de una aventura. Los planes de los enanos es recobrar la herencia que les pertenece a ellos, de oro y joyas hechas por sus antepasados y la Montaña Solitaria, que era su casa ancestral. El problema es que la Montaña Solitaria y su herencia se encuentran en una tierra lejana y peligrosa donde Smaug, el calamitoso, el dragón fiero que echa fuego por la nariz, duerme sobre el oro y las joyas de los enanos. Y para recobrar  su herencia tendrán que viajar a Mirkwood un lugar oscuro y deprimente de selvas donde tendrán que ser más inteligentes que las fuerzas demoníacas de los orcs protegidos por lobos salvajes y arañas gigantes y tendrán que pelear contra duendes ladinos.

Bilbo no tiene ningún interés. A él le gusta la vida tal cual es, en su hoyo donde la vida es segura y cómoda y donde, que es lo más importante, hay mucho para comer y todo es familiar y predicible -- el tipo de vida al que Bilbo ha estado siempre acostumbrado.

Pero con las pillerías de Gandolf y la insistencia de los enanos, a Bilbo lo entusiasman en la travesía -- mejor dicho trampa -- y como todos saben, todo ésto lleva a Bilbo a su propia aventura en "The Lord of the Ring" ( El amo del anillo) ahora de estreno en su cine local.

En la vida hay aquellos como los "hobbits"  quienes son colonizadores por naturaleza, aquellos que prefieren vivir la vida al lado de la chimenea, cómodos y seguros con mucho té y galletas. Y con muchísimo control. Y hay otros que tienen tendencias colonizadoras, pioneros que buscan tesoros que residen en lugarespoco conocidos o familiares.

Los Magos de nuestra historia hoy día eran pioneros. Eran filósofos, quizás astrólogos, quienes buscaban a Dios, hombres quienes buscaban en las estrellas y en otros símbolos del mundo de la naturaleza para ayudarlos  a encontrar la sabiduría y la verdad, la verdad del mundo y la verdad acerca de la vida y quienes estaban dispuestos a viajar a donde las estrellas los llevaran para encontrar esa verdad.

El rey Herodes era un colonizador. Era como los "hobbits" en cierta manera, pero sólamente en este aspecto. Era un hobbit sólamente en que le gustaba una vida controllada y conocida. En todos los otros aspectos, Herodes era más como un dragón. La mayoría de los hobbits son amables y de buenas intenciones, como Bilbo. Pero Herodes era una criatura detestable y desagradable quien haría cualquier cosa por mantener todo igual, listo para hacer lo que fuera para mantener su reino tal cual, controlar todo lo que creía que le pertenecía a él, quedarse con todos los tesoros de Israel para si mismo.

Herodes, como rey  había logrado acumular mucho poder y riquezas. Había construído ciudades. Había reconstruído el Templo en Jerusalén, donde los sacerdotes habían guardado los tesoros de Israel, el Tora y el culto de la gente, asegurándose que todos sabían exáctamente lo que Dios requería, de acuerdo a ellos, e insistiendo que todos debían hacer sus sacrificios de la manera correcta. Los sacerdotes tenían el trabajo de mantener la vida segura y cómoda para Herodes, quien tenía tanto miedo de perder su autoridad que había matado a tres de sus hijos para evitar que le quitaran su poder.

Un día los Magos, los pioneros, vinieron a la ciudad. Fue un poco después de que Jesús había nacido en Belén. Los pioneros eran extranjeros que no conocían el camino para encontrar la verdad. Ese tipo de personas eran siempre sospechosas para personas tales como Herodes que siempre se aprovechaba de todo. Los pioneros eran gentiles extranjeros que venían de tierras del este. Algunos dicen que estos viajeros eran reyes, aunque la Biblia no lo dice así. La Biblia dice que eran Magos, filósofos o sacerdotes de una religión extraña y extranjera.

Pero éso no significaba nada para Herodes. ¿Qué podía un grupo de gitanos de tierras extranjeras decirle a Herodes sobre la verdad y la sabiduría? Eran paganos de naciones a las cuales Israel despreciaba.

Después de todo era a Israel, a Herodes y a sus sacerdotes a quienes Dios les había revelado la verdad confiada en el Tora. Y era Israel el que le había construído a Dios su magnifica casa, el Templo, para que de esa manera Dios no tuviera que andar vagando por el mundo en una tienda de campaña. Los persas y los indúes no eran nada más que paganos que andaban vagando por un mundo que no les pertenecía.

De todas maneras, Herodes estaba preocupado por todo lo que los Magos le habían contado, porque le habían dicho que habían venido a adorar al rey recién nacido. Por otro lado, ¿Qué estrella podía predecir donde había un rey? Y ¿Qué otro rey podía haber que no fuera Herodes? Sin embargo, Herodes tenía miedo por lo que les siguió la cuerda a esos filósofos extranjeros y les dijo que a él también le gustaría alabar a este nuevo rey y si tuvieran la amabilidad de mandarle un recado donde se encontraba este rey recién nacido cuando los Magos lo encontraran.

Pero Herodes ni encontró ni comprendió a este Recién Nacido Rey, nos dice Walter Wangerin "porque Su reinado no era de este mundo, pero Herodes sólamente podía definir la grandeza en términos humanos. La grandeza de los grandes que era él, tendría que significar, más grandes esplendores, ejércitos más poderosos, poderes superiores -- y el deseo intenso de matar a sus enemigos. ¿Qué otra cosa podía hacer él entonces pero tenerle miedo y odiar al Recién Nacido? -- de quien el ángel había dicho que "¡su Reino no tendría fin!...

Es la temporada navideña -- sagrada y comercial, ambas. Nuevamente este año nosotros los cristianos hemos lamentado la manera en que el mundo pagano ha robado el espíritu navideño. Incrementar es importante; reducir es peligroso. Así dicen los calculadores de mercado. Vendiendo para obtener define la temporada mientras que dando para amar es precisamente la actitud de la cual se aprovechan estos negociantes de rapiña.

El regalo de Dios ( que tanto amó al mundo que nos dió a su Hijo) y el tremendo sacrificio de Cristo (quien dejó de lado su autoridad suprema en órden de dar su vida por nosotros) no son honrados, ni reconocidos, ni entendidos. Lo máximun que el mundo tiene que decir para esta temporada es que (¡Sorpresa!)  a veces los seres humanos pueden ser más agradables.

El estallido anual de altruísmo: ¡qué maravilla! (y qué sustituto más miserable) dice el cristiano,"Eto Manuel, ¡nuestro amado Dios está entre nosotros!

Esas son las lamentaciones de los cristianos en la Navidad. Y en el lamento,  un resentimiento. ¡Y en el resentimiento, una posible ceguera a las grandes glorias de Dios!

¡Despierta, Iglesia! grita Wangerin. Está alerta a la venida de Dios. No caigas  en el  mismo error de Herodes, el mismo error que cometieron Los principales sacerdotes y escribanos. Al contrario, alégrate de que las nuevas de la venida de Dios vengan a ti, si vienen de tu comunidad o del mundo y de los no creyentes!

Estas son las nuevas y las advertencias de Epifanía -- que la Luz ha venido. Pero que la Luz no ha venido sólamente para nosotros, la gente del Convenio y los poseedores de la Biblia, pero para todo el mundo, como extranjeros y afuerinos, aún para aquellos que han sido guiados por las estrellas, para todos aquellos que se aventuren, adonde sea, por la verdad y quienes, cuando la encuentren, se acercarán a adorar, mientras que Herodes ni siquiera atravesaría la calle para encontrarla si ésta no viniera envuelta como él quisiera que viniera.

¿Es el error de Herodes nuestro error también?¿Somos nosotros a quienes se nos han confiado las Escrituras los que dormimos sobre ellas de la misma manera que el dragón duerme sobre una cama cubierta de joyas, cubriéndolas y poseyéndolas como si ellas nos pertenecieran en vez de a Dios, quitándoles su luz, su verdad y su vida, quitándoles aún al Rey recién nacido con su doctrina y creencias que excluirían a aquellos que vienen de fuera?

Ese, por lo menos fue el error de Herodes, nos dice Wangerin -- que Herodes con su arrogancia se mofó de las posibilidades de  que esa Luz pudiera venir de esos Gentiles o para los Gentiles y que porque él estaba tan envuelto en su propio criterio y poder, estaba ciego a la Luz que Dios le había prometido a los profetas de su propia gente. Y es así como el perdió la oportunidad de la Navidad cuando ésta tomó lugar en su propia tierra.

En otras palabras, Herodes estaba ciego a los milagros de la verdad y a la revelación divina que ocurre en el mundo cuando no ocurrieron de la manera que él creía que debían ocurrir. Una estrella en el este habló de la totalidad y de la imparcialidad en el amor de Dios, un amor abierto a todos, del que Herodes encontró inconcebible.

Y si nosotros en la Iglesia hacemos lo mismo hoy en día, nos dice Wangerin 'nos cubriremos con la soberbia de los justos (¡Somos los amados de Dios!) y (como Herodes nos) cortaremos de la inmensidad del amor celestial el cual abraza a toda la creación. Aún peor, nos haremos amargas unidades separadas para nosotros sólo y cesaremos de representar el amor de Dios ante el mundo, un amor aclamado por los Magos de tan lejos, impulsados por la búsqueda de la verdad y guiados por una distante estrella hacia Belén.

Hay tres pasos, uno seguido del otro, del que viene a Dios, nos dice Wangerin. Son: encontrando a Dios. Conociendo a Dios. Y creyendo en él.

Los sabios Gentiles, viajeros del mundo, pueden leer en manifestaciones naturales de la creación ciertas proclamaciones de Dios. ¡Dios es ! ¡Dios es como éso! Dios está muy pero muy cerca.

Así son los Magos. Pueden leer verdades sagradas en una estrella que aparece.

Eso es lo que creían los Gentiles en los tiempos de Pablo ("Lo que de Dios se puede conocer, ellos lo saben muy bien porque él mismo se los ha mostrado; pues lo invisible de Dios se puede llegar a conocer, si se reflexiona en lo que él ha hecho.) (Romanos 1:19-20).

Y así es en nuestros tiempos. Los no creyentes tienen percepciones muy claras en Dios -- Nuestro Dios, sí; pero por su propia elección, sus dioses.

Ese es el primer paso, el primer paso que los Magos tomaron: buscar a Dios, encontrar a Dios, sin importarles los medios que los llevarían a él.

Lo próximo, es la búsqueda de Dios en la naturaleza confirmando en la revelación, nos agrega Wangerin.

Por eso  es que los Magos vinieron a Jerusalén buscando al Rey recién nacido, buscándolo por todas partes, ya que sus conocimientos no eran ni preciso ni específico. Para ellos, la comunicación con Dios  no había sido directa.

Y es justamente allí cuando la falla de Herodes se aprecia más que nunca porque para Herodes tanto como para los escribanos ya que ellos habían tenido una directa revelación de Dios en las Escrituras, escogieron no actuar sobre ellas.

Desde los profetas -- de Isaías y de Mica y muchos otros -- viene la precisión y la confirmación que los Magos necesitaban. 'De Uds. O Belén vendrá un gobernante quien será el pastor de mi gente.' Los escribanos y los sacerdotes le recordaron a Herodes las palabras de Mica cuando finalmente decidió preguntar. 'De entre uno de ustedes vendrá la Luz prometida a las naciones.'

Por lo tanto, Herodes ya sabe, pero tiene miedo. ¿Qué le ocurrirá a él si otro rey, un rey no conocido nace? Pero para los Magos, para los extranjeros que lo buscaban, las palabras del profeta son la confirmación ineludible que necesitan, la confirmación de que su búsqueda, empezada a su manera y en sus tierras tan distantes, no habían sido en vano, que Dios estaba allí, en Belén.

Aún así, nos dice Wangerin, alertos afuerinos vienen todavía hoy en día a la Iglesia, buscando en la Palabra revelada ( que está cuidadosamente guardada por nosotros) una claridad espiritual de la divinidad que ellos ya han experimentado (fuera de la Iglesia).

Y aquí está la madre del cordero: ¿cómo los recibiremos? (¿Cómo Herodes recibió a los Magos?) Si pensamos que no existe nada bueno en el mundo eso degrada  nuestra Navidad (a Nuestro Cristo, a nuestro Dios) no confiaremos las verdades que estas palabras nos traen al igual que Herodes no creyó en las palabras dichas por los Magos a él.

Pero las Escrituras seguramente  les enseñarán y los guiarán al tercer paso para conocer a Dios, (porque) las Escrituras les pertenecen a todos. Pero el punto aquí no es el éxito de ellas;¡es nuestra participación! ¿Tomaremos este tercer paso también?

Porque la proclamación natural (de Dios) ya confirmada y definida por la Palabra revelada (de Dios), tiene que llegar a un encuentro personal. Sin éso, no tendría sentido que existiera un Dios que nos ama ya que la naturaleza nos muestra sólamente un Dios justo y poderoso.

Aunque fue un viaje muy largo, los Magos encontraron a Jesús. Pero Herodes y toda Jerusalén con él tenían problemas con la busqueda de los Magos. Y el rey  no recibió ninguna felicidad ni de los Magos ni de las Escrituras que poseían. Al contrario, él tenía miedo de perder su autoridad y de que ésta pasara a otro que él no conocía ni podía controlar. ¡No adoración de parte de Herodes! (¡No encuentro con el Rey Recién Nacido para él!) El estaba tramando para quedarse con el poder que tenía.

Ahora ves cristiano que tú sufrirías nuestro desdén del (afuerino y) del mundo. No del mundo. Pero de nosotros mismos. Por temer que un Dios que no lo podemos completamente controlar debe ser un Dios falso y distorcionado que no iríamos a él de verdad tan inocentemente como usualmente vamos como niños  a encontrar a Jesús.

¡O Iglesia! ¡No dejes que tus doctrinas te cieguen -- ni tampoco dejes que la revelación que Dios te ha dado  te haga arrogante! Porque en ese caso serías tú el que perdería la Navidad ahora, no el mundo, después de todo.

En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.