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Sermón del Rev Michael W. Richardson |
4 Adviento - A |
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En Chapel of Our Saviour |
Isaías 7:10-17 |
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Colorado Springs, Colorado |
Romanos 1:1-7 |
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del 23 de diciembre del 2001 |
Mateo 1:18-25 |
¿Qué ocurriría si botara esta pelota? Para aquellos de ustedes que no lo pueden ver es verde, una pelota de tenis felpuda. Si se me cae de intento o por puro accidente, rebotaría. Rebotaría y rodaría hasta que se parara o alguien la recogiera y me la trajera o hasta que yo la fuera a buscar. ¿Qué ocurriría con este odorno? ¿Qué pasaría si se me cayera? Nuevamente para aquellos que no lo pueden ver es un frágil ornamento que viene de nuestro árbol de Navidad. Si se me cae de intento o por puro accidente no rebotaría. Se haría trizas en el suelo y habrían pedacitos por todas partes. Y si alguien tratara de traérmelo, o tratara de recobrarlo, no importaría porque esta hermosa pelota estaría rota. Podría tratar de pegarla usando todos esos pegamentos modernos pero igual seguiría rota y si tratara de arreglarla nunca sería la misma.
Por otro lado, la pelota de tenis, se puede tirar muchas veces y siempre rebotaría aunque poco a poco, con el pasar del tiempo se haría más lento el rebotar. El material de que está hecha la pelota de tenis es diferente al material usado para hacer el ornamento. La pelota de tenis está hecha para rebotar y se vería bastante mal si se pusiera en un árbol de Navidad. Es demasiado pesada para el árbol, no brilla y no tiene ningun gancho para colgarla en el árbol. Simplemente se caería. El ornamento aunque sea muy bonito en el árbol de Navidad sería un desastre como pelota de tenis. Es un hecho que, la primera vez que una raqueta de tenis la tocara, se haría trizas sin siquiera tocar el suelo. Ustedes se preguntarán ¿por qué estoy haciendo una exposición sobre las pelotas de tenis y de los ornamentos este cuarto domingo de Adviento? ¿Será quizás porque no tenía nada más que decir en este sermón para este tiempo tan ocupado "cuando nos quedan sólamente un día y medio antes de la Navidad? Quizás habría podido si lo hubiera querido pero me gusta predicar el evangelio. Y en el evangelio de hoy, a José se le cae la pelota. Así es, nos tira la pelota.
Es importante saber cual pelota nos tira.¿deja caer el ornamento o la pelota de tenis? Creo que deja caer la pelota de tenis y les diré el por qué.
José tenía la oportunidad de escoger entre la virtud o las relaciones-escogió las relaciones. Recuerden que un ángel se le apareció en sus sueños para decirle que estaba bien haber escogido las relaciones pero que él era el que tenía que hacer la elección. Veamos las opciones que tenía José.
Las Escrituras Sagradas nos dicen que era un hombre recto, un hombre que seguía los mandamientos y las leyes de Dios. Es por eso que, aunque amaba a María, iba a terminar el compromiso y dejarla ir para estar con el hombre que amaba. Un hombre recto, un hombre recto, un hombre que seguía los mandamientos no podía casarse con una mujer que esperaba un hijo de otro y no de él. Y eso es lo que Mateo nos hace creer sobre José. El era un buen hombre que no trataría a María sin respeto porque la amaba pero que como la ley y las costumbres mandaban lo que una persona recta podía o no podía hacer, él tenía que seguirlas si quería seguir siendo virtuoso.
El terminaría la relación para mantener su virtuosidad intacta sin herir a María. Lo haría a cualquier costo porque no quería que María tuviera que sufrir consecuencias dolorosas. El fácilmente podría haberla acusado de traición o de adulterio y ella tendría que pagar caro por el rompimiento de la boda, quizás hasta perder su vida al ser apedrada a muerte.
En tiempos de José como uno seguía la Ley y la aplicaba a su propia vida era como la gente era juzgada en tiempos de José. Ser virtuoso era muy importante no sólo de la manera que era visto por sus vecinos sino que como era visto ante los ojos de Dios para poder seguir siendo parte de la comunidad de los escogidos por Dios. Por lo tanto, José tendría que escoger desde el punto de vista de lo que él conocía o tomar parte en una relación que pondría en peligro su virtud pero dejándolo con la mujer que amaba y que por la promesa de un ángel de que el niño sería suyo para apadrinar y para criar.
José escogió aceptar la pelota de la virtud. Esa es la pelota de tenis para este ejemplo. Pero escogió de tomar cuidadosamente el ornamento de su matrimonio y de su relación con María.
Uno podría argumentar que José mantuvo ambas cosas, la virtud y la relación. Después de todo, siendo el padre terrenal de Jesús no podría hacerlo poco virtuoso. Pero eso es sólo ya saber los hechos, no tener la tincada correcta y José no poseía ningún tipo de tincada correcta mejor que la de Uds. y yo. En ese momento, él escuchó al ángel, sabiendo que de alguna manera que Dios estaría envuelto en ésto para que él rompiera las reglas- no que las reglas habían cambiado. María podía estar embarazada con un niño especial pero José aún no comprendía totalmente lo que ésto significaría.
Lo que sí sabía por el ángel era que no debía tener miedo de tomar por esposa a María. Lo que él sabía era que todo iba a resultar con su relación con María. Puedo ir tan lejos a especular que José supo que su virtud estaba intacta pero aún eso habría sido demasiado confuso para José que vivía en esos tiempos. En esos tiempos, la virtud era seguir las reglas tal cual, no sobre las consecuencias o los resultados de seguirlas.
Recuerden lo que Jesús dijo mucho años después sobre la rectitud, " a menos que tu rectitud exceda a la de los escribanos y la de los fariceos, nunca entrarás al Reino de Dios." Los escribanos y los fariceos siempre seguían las reglas que tenían que ver con la rectitud mejor que nadie en esa sociedad.
Ellos nunca habrían tirado la esponja contra las reglas. Por el contrario, habrían preferido tirar la esponja a las relaciones. Jesús fue criado en una familia que habría entendido su mensaje porque ellos también habían escogido las relaciones porque éso es lo que Dios nos pide.
Y allí es donde yace la diferencia. La pelota de reglas rebotaría con los cambios de la cultura, del tiempo y del lugar. ¿No me creen? ¿Cuántos de Uds. se regocijaron comiendo puerco en nuestro picnic? Ni Jesús, ni José, ni tampoco los fariseos habrían hecho éso. La mayouría de nosotros se sienta con sus familiares cuando venimos a la iglesia. Una cosa tan simple que habría sido imposible hacer en los tiempos de José. Sin embargo, escogió a la familia sobre las reglas. Escogió relaciones humanas sobre la rectitud. Prefirió dejar caer la pelota que rebotaría. Nosotros tenemos que hacer lo mismo. Mientras seguimos preparándonos para la venida del Cristo Niño, el regalo más grande que Dios nos pudo dar, y nos preparamos para estar juntos en familia y con amigos, podemos poner toda nuestra energía en lo que nos vamos a poner, los regalos que vamos a dar, los regalos que vamos a recibir, si la casa está limpia o no, lo hermosa que quedó la mesa y así per secula seculorium, hasta que hayamos perdido la verdadera razón por la cual estamos celebrando este día. Podemos, aún los más pequeños e inocentes de entre nosotros, estar tan enfocados en recibir cosas, que olvidemos que lo más importante es la relación entre nosotros. Lo que realmente recibiremos es el amor. Pero si olvidamos el amor, si dejamos caer la pelota que representa todo éso, pero nos agarramos con toda el alma a la pelota que representa los regalos y las comidas, las fiestas y la mesa perfectamente arreglada para la ocasión, entonces habremos roto la única cosa que realmente vale la pena, la relación personal que todos los maravillosos presentes y comidas suponen representar.
Esward Hayes nos dice que "lo que a un viejo abad le gustaba decir, 'el demonio es siempre el más activo durante las celebraciones más importantes.' La treta suprema de este Viejo Garañudo ( esa es la manera que el autor llama al demonio) es hacer que estemos tan ocupados decorando, preparando alimentos, practicando música y limpiando en preparación del festín de la Navidad que no nos daremos cuenta y perderemos la oportunidad de la nueva venida de Cristo. Sentimientos de pena, rabia, impaciencia, de egos heridos- la lista de nubes que nos crea la actividad incesante y que nos ciega a la tan espera da venida, no es nada nuevo para nosotros.
En esta vida tan llena de preparativos de último minuto debemos preguntarnos para que realmente nos estamos preparando. ¿Estamos preparándonos para amarnos los unos a los otros o para sólamente tolerarnos para guardar las apariencias? ¿Estamos preparándonos para una Navidad feliz confiando que Dios se nos presentará nuevamente en un débil niño y de esa manera seremos encontrados virtuosos ante los ojos de Dios a pesar de nuestras debilidades sólamente si nos volvemos a El con amor? ¿Estamos esperando la Navidad haciendo todas las cosas correctas o teniendo las mejores relaciones humanas?
Y ¿Para qué tipo de Jesús nos estamos preparando en este Adviento? ¿Es para Jesús que va a venir a nuestras vidas, un Jesús de cosas, un Jesús quien como el Viejo Pascuero nos traerá las correctas reglas de etiqueta y todos los juguetes posibles para nuestras fiestas, o es el Jesús que va a venir a nuestras vidas en ese Día Sagrado, ese Jesús que viene con amor y nos muestra el camino para tener una nueva y aún mejor relación con Dios? Es Jesús el que nos llama a estar en unión, no sólamente en rectitud.
Así como pasa el tiempo y vivimos nuestras vidas, tendremos muchas oportunidades para dejar caer la pelota por aquí y por allá. Algunas serán pelotas de trabajo o de escuela, algunas serán pelotas de unión con nuestros amigos, algunas de relaciones con nuestras familias, algunas de derechos cívicos y otras de reglas de la sociedad y aún otras serán pelotas que llevan nuestra relación con Dios y con nosotros. Cada una de ellas acarrea muchas responsabilidades, sin dejar de lado las muchas responsabilidades que acarrea ser miembro de esta congregación y de cuidarnos los unos a los otros cuando necesitamos que nos cuiden. Algunas de estas pelotas rebotarán. Otras nos tomará su tiempo en alcanzarlas pero las alcanzaremos. Otras se romperán y aunque nos han enseñado a perdonar, sabemos lo difícil que es volver a reconstruir esa confianza que se ha roto. Esas son las pelotas que Dios manda con sus ángeles para decirnos que no tengamos miedo pero que sigamos apretándo esa pelota en nuestras manos. Si logramos retener las pelotas que son frágiles, Dios estará con nosotros con su promesa y nos mostrará donde podremos encontrar la virtud de amarnos los unos a los otros. Pero eso significa que tenemos que tomar un desafío. Eso significa que las reglas de las que estamos seguros hoy tendrán que verse con nuevos ojos para evaluar si estamos centrados en estando en las relaciones correctas. Eso significa que no tendremos tiempo para limpiar los cuartos de la casa, que el automóvil no será lavado porque un niño necesita ser abrazado o un amigo necesita llorar en tu hombre por teléfono o quizás, quizás te tomarás el tiempo de caminar con alguien a quien amas más que a tu vida y eso será más importante que tener la casa en perfectas condiciones para cuando te vengan a ver. Pero esas son cosas simples. Quizás signifique que tengamos que usar la frase "no tengo tiempo" mucho menos cuando nos venga la oportunidad de pasarlo con nuestros seres queridos. Quizás signifique que tengamos que evaluar las relaciones que hemos hecho con el mundo en general y ver como ellas están rotas y tenemos que dejarlas en órden de que puedan sanar. ¿Qué tenemos que dejar y que tenemos que llevar en nuestras manos en órden de mantener buenas relaciones en la tierra de José, la tierra que nos trajo a Jesús? Para mi es difícil enfocarme para ver al vida de esa manera. Sin embargo, es esta estación del Adviento, tenemos la oportunidad de pararnos y de evaluar nuestra vida tan llena de actividades y preguntarnos ¿Por qué es importante lo que logramos con nuestro trabajo y nuestras inquietudes? Entonces tenemos que recordar al que nos llama a una nueva vida, a una nueva vida que ha nacido del Espíritu del amor, que Dios nos regala sin trabas. Entonces es cuando recuerdo para que tenemos vida. Tenemos que lograr unirnos. Tenemos que amarnos los unos a los otros. No es difícil cuando recuerdo quien es el que nos ha llamado. Viene de Jesús, viene de Aquél que prefirió el amor a la rectitud, el que nos llama a amarnos los unos a los otros para prepararnos para la venida del Reino.