El Tercer domingo de Adviento

Sermón por el Rev. Dayle Casey

3 Adviento - A

En Chapel of Our Saviour

Isaías 35:1-10

Colorado Springs, Colorado

Santiago 5: 7-10

del 16 de diciembre del 2001

Mateo 11: 2-11

 

"De ese tronco que es Isaí, sale un retoño, un retoño brota de sus raíces...El no juzgará por la sola apariencia, ni dará su sentencia fundándose en rumores. Juzgará con justicia a los débiles y defenderá los derechos de los pobres del país...Entonces el lobo y el cordero vivirán en paz, el leopardo y el cabrito descansarán juntos, el becerro y el el león crecerán uno al lado del otro y se dejarán guiar por un niño pequeño."

"Polvo por todas partes. En todas partes, por todas partes hay polvo." De esa manera el Rev. Dan Matthews empezó el sermón en la iglesia Trinity localizada en el area de Wall Street (Bolsa de Comercio) el domingo siguiente al 11 de septiembre. "Todo está cubierto de polvo. Es increible. Como íbamos a imaginarnos que todo el sur de Manhattan iba a estar cubierto de polvo... Pero el polvo no estaba sólamente en el punto sur de Manhattan. El polvo cayó sobre el mundo el 11 de septiembre. No hay ni un centímetro en esta tierra sin polvo, todos nosotros estamos cubiertos por el polvo de las Torres Gemelas."

Y con la oscuridad, también, porque el polvo oscurece la luz del sol. El polvo y la oscuridad en Manhattan y en Washington, el polvo y la oscuridad en Afganistán, el polvo y la oscuridad en Jerusalén, en Gaza y en el medio Oriente. El polvo y la oscuridad en todas partes. Frederick Buechuer dice que hay un hambre en la oscuridad del mundo, un hambre por la redención, un hambre que hará que nuestras vidas estén llenas de luz y al mismo tiempo que sean diferentes.

Una oscura noche de Navidad, en las sombras de los finales de la Segunda Guerra Mundial, Buechner se encontraba en Roma. El fue a la Basílica de San Pedro para asistir a la Misa del Gallo. Esta enorme iglesia estaba llena, nos decía pero " no nos veíamos en general como una muchedumbre religiosa."

"Caminábamos unos al lado del otro, miles de nosotros, codiándonos para abrirnos camino y así poder quedar más cerca del altar del Papa con su gran cielo dorado en bronce y hacia el pasillo que estaba cerrado con cuerdas para que el Papa pudiera llegar. Algunos habían traído alimentos para sustentarse debido a la larga espera que se les venía encima y de vez en cuando se oía cantar y el sonido se esparcía como fuego en malezas--'Adeste fideles' y 'Noche de paz' las cuales las recuerdo especialmente porque todos parecían saberse la letra en latín para una y en alemán para la otra; las voces llegaban hasta la cúpula del gran Miguel Angel para desaparecer poco a poco hasta que nuevamente alguien empezaba de nuevo. Sin importar el sentido de lo que significaba, de que era un momento sagrado, en un lugar sagrado, todo desaparecía por el maravilloso espectáculo de todo ésto--las miles de voces y velas y las caras de mármol de los santos y de los apóstoles y el cuchicheo y el sonido de arrastrar los pies en el mosaico."

"Por fin, entonces, después de muchas horas de espera, de repente se produjo un gran silencio y bien a la lejanía se podía ver la Guardia Suiza que había entrado con el trono dorado en sus hombros y la multitud con la multitud presionando hacia el pasillo y se oía la algarabía por la procesión que se acercaba."

"De lo que más me acuerdo, por supuesto fue de la llegada del Papa Pío Xll como estaba en ese entonces. En todo ese esplendor renacentista, con la Guardia Suiza vestida de rojo y oro y el Papa estaba vestido simplemente de blanco con un bonete blanco en la parte de atrás de la cabeza. Todavía puedo ver su cara mientras era llevado en su trono--esa cara delgada, ascética, de piel plomiza, de nariz aguileña, con sus anteojos brillando a la luz de la vela. Y mientras pasaba cerca de mi, se había inclinado hacia adelante y miraba a la muchedumbre de una manera tremendamente intensa."

"A través de los gruesos lentes sus ojos se veían más grandes de lo debido y él me traspasó con su mirada y hacia la cara de todos aquellos que estaban allí enfrente y detrás de mi, con esa mirada tan aguda y tan intensa que no pude dejar de pensar que buscaba a alguien en particular. No actuaba como potentado inclinando la cabeza y sonriendo para aceptar el entusiasmo de la multitud. Era un hombre cuya cara parecía sombría de esperar, cuyos ojos se veían tan grandes y tan exhaustos buscando a alguien, a alguien quien él creía que podría estar allí esa noche o cualquier noche, en cualquier parte pero a quien nunca había encontrado pero que de todas maneras seguía buscando. El buscaba mirando a una u otra cara que él sabía que la reconocería- ¿sería ésa? o ¿aquella? o quizás ¿ésa otra? hasta que me pasó. Fue un momento muy extraordinario para mi, un momento que se me ha hecho cristalino con el correr del tiempo y sentí que sabía a quien estaba buscando. Al mismo tiempo sentí que todos los demás que estaban allí sabían también a quien él andaba buscando."

Hace muchos siglos, Juan Bautista lo buscó también. Hubo una vez en la cual él creyó que lo había visto, pensó que había encontrado a Aquel con quien él podía saciar su hambre de la oscuridad y de la sed del polvo de este mundo. El lo había bautizado y había visto al Espíritu descender sobre El como una paloma. Pero ahora, mientras experimentaba sus vigilias en los calabozos de Heródes, no estaba tan seguro. Viviendo ahora donde no había la luz del Adviento, viviendo como Pío Xll viviría después, viviendo como vivimos nosotros, viviendo entre lo que es y lo que esperamos que sea, Juan Bautista hizo la pregunta de la esperanza del Adviento "¿Eres Tú el prometido?" o ¿debemos esperar que Otro venga?" En el oscuro y polvoriento vacío de su cautiverio Juan buscaba a su Salvador.

Por lo que envió a sus propios discípulos para averiguar si Jesús era el prometido para él y para el pueblo de Dios. Porque aunque Juan era un profeta escogido por Dios, no se le había quitado esta agonizante duda. No se le había quitado el hambre de la verdad salvadora. Tal como nos pasa al resto de nosotros, Juan también necesitaba a un salvador. ¿Es Jesús al que está esperando? o ¿Debe esperar a otro?

Y, es así como esa Noche Buena en Roma, El Papa buscaba también a esa cara que sabía que no se le escondería para siempre. El sabía que " El que él buscaba con tanta ansiedad estaba en ese mismo instante agachado en la noche, o guiándo a su hogar a algún soldado romano borracho, o esperando que la misa terminara para poder entrar con su balde y su trapero y así empezar a limpiar la basura dejada. El viejo Papa seguramente sabía que El se encontraba en todas partes de la Basílica de San Pedro.

"La cara a la cual buscaba era visible aunque apenas, en la cara de todos aquellos que habían venido esa noche quizás porque era la representación más grandiosa en ese momento y no costaba ni un centavo pero porque también nosotros buscábamos lo mismo aunque, como decía Isaías "habían pocos los que poseían la suficiente suspicacia para llamarlo por su nombre." Porque El que buscábamos estaba allí entonces como lo está hoy porque El ronda por el mundo y así como los años han pasado desde esa Noche Buena, El viene a rondarnos aún más, hasta que no quede ni un lugar donde si lo reconocemos o no, Su espíritu no haya estado. Puede que sea una era de Navidades pasadas en la que vivimos pero no puedo creer que exista una era donde se busque con tanta intensidad, deseo y fervor, como ahora el Espíritu de Cristo."

Y cuando buscamos, ¿qué vemos en esta era después de Cristo? Y ¿Qué es lo que buscamos? ¿Qué los ciegos puedan ver? ¿los tullidos puedan andar? ¿ los leprosos sean sanados? ¿los sordos oigan? ¿ los muertos sean resucitados? ¿Qué las Buenas Nuevas lleguen a los pobres? ¿Qué debemos esperar,cuando busquemos a Cristo en la era cristiana pasada?

"Quizás nos estremecerá" dice Buechner, "quizás ya es demasiado tarde, pero por lo menos creo que hay muchos en este mundo que saben como yo lo supe hace muchos años atrás en Roma: que cada vez que mires más allá de la cara, que mires en lo más íntimo de otro ser a sus necesidades y que lo ayudes, que entonces habrás visto a Cristo en él; que cuando has mirado por tus más grandes anhelos, entre otros la necesidad de saber y de sanar--has visto a Cristo en tí. Y si es éso lo que hemos visto y éso era lo que el viejo Papa vió cuando era llevado por las sombras y la luz resplandeciente de su iglesia, entonces él encontró algo importante."

"Excepto que tengo la idea de que él buscaba algo más, que en el gran misterio de ese lugar él no buscaba solamente a Cristo en los hombres pero por el Cristo mismo, El que prometió que El Hijo del Hombre volvería nuevamente en una nube con el poder y la gloria. 'habrán muestras en el sol, en la luna y en las estrellas' dijo, 'y sobre la tierra habrá terror en las naciones perplejas al sonido entrepitoso del mar y de las olas, hombres desmayándose de miedo por los presagios y entonces, en ese momento, estaremos tentados a decir, como si fuera ahora, "miren y levanten la cabeza porque el momento de la redención se acerca." Y las palabras de Jesús serán dulces en comparación a las palabras de la nueva generación."

Años después, otro Juan hablaría sobre "El Hijo del Hombre con cara y pelo tan blanco como la nieve y los ojos de fuego, la espada de doble filo saliendo de su boca. (Hablaría de) la gran batalla (del mundo de la oscuridad) con el ejército del cielo vestido en lino blanco y la bestia tirada al lago de fuego para que así el juicio pueda ocurrir y los mil años de paz. (El hablaría de) la ciudad celestial, la Nueva Jerusalem, saliendo del cielo como una novia adornada para su esposo y la gran voz diciendo 'He aquí....' (y la visión de Juan) termina, por supuesto con las palabras 'Ven, Cristo Rey, vuelve nuevamente, vuelve e inagura estos magníficos trabajos..." Pero quizás la palabra que necesitamos oir en este tercer domingo de Adviento es la misma palabra que Jesús le envió a Juan cuando estaba en prisión: Cuando miras, ¿qué es lo que oyes y ves? ¿Quién le da la vista para ver a los ciegos, a los tullidos para que puedan caminar y a los enfermos y a los parias para ser sanados y limpiados y a los muertos para ser resucitados? Y ¿dónde puedes oir las Buenas Nuevas siendo proclamadas para los pobres? Quizás Ese sea, después de todo donde El que andamos buscando esté, en nuestros días como en los días de Juan y de Pío Xll.

" Sin duda que los cristianos deben hablar el lenguaje del mundo," dice Buechner. " El debe hacer que las causas más nobles del mundo sean también las suyas y pelear por la justicia y la paz con los armamentos del mundo -- con las copiadoras de Xerox (y con Faxes y con computadoras) y con demostraciones y con acciones sociales. Deben tratar de alcanzar con algo como el amor para ver a Cristo en cada ser humano. Pero creo que debe (también) estar listo para ser extraordinario porque el corazón de la fe religiosa es extraordinario. Porque Cristo mismo fue extraordinario con su pelo chascón y oliendo a pescado y pareciéndose más a Groucho Marx que a Billy Budd, mientras moría en esa horrible muerte, con su cuerpo lleno de moscas y (diciéndonos) que levantáramos la cabeza , que levantáramos la cabeza por el amor de Dios, ya que nuestra redención está tan cerca.

El profeta dice que en ese día habrá una carretera llamada El Camino de la Santidad. Quizás. " Quizás la santidad vendrá nuevamente. ¿Nos atrevemos a tener esperanza en la oscuridad (y el polvo) de nuestro mundo (como Juan tuvo esperanza en su celda oscura y polvorienta y) como Pío Xll esperó por ella en la oscuridad ( y en el polvo) de esa Noche Buena poco antes del holocausto de la Segunda Guerra Mundial?"

"Quizás la santidad vendrá nuevamente. Quizás no con el Hijo del Hombre con ojos de fuego y con una espada de doble filo en la mano pero como un niño quien quizás ya ha nacido en este mundo nuestro y bajo cuya cara, la cara de Cristo está en este momento empezando a quemar pasando como la luna pasa por las nubes. O si éso es demasiado supernatural para nosotros ( en estos días tan sofisticados) quizás vendrá en toda su majestad de otro mundo porque no hemos ni siquiera empezado a tomar en serio el increíble hecho de que quizás no seamos los únicos en el universo.

"¿Quién sabe lo que va a pasar? Excepto que en un mundo sin Dios, sabemos de alguna manera lo que ocurrirá. En un mundo sin Dios sabemos que por lo menos la cosa que va a ocurrir será una cosa hecha por el hombre (y no una cosa creada por Dios) ni mejor ni peor de lo que los hombres somos capaces de hacer. Pero en un mundo con Dios, nunca sabremos lo que ocurrirá porque las cosas que ocurran serán las cosas que Dios quiere que ocurran y eso significa que nuevas e inimaginables y sagradas cosas ocurrirán que la humanidad sólamente puede tratar de adivinar en sus sueños. En el mundo con Dios, (desde el polvo de las Torres Gemelas y de Washington y de Afganistán y Gaza y el Medio Oriente) nos juntamos en una iglesia para celebrar entre otras cosas el misterio y para aprender entre otras cosas sobre los antiguos y desprestigiados sueños." Así como Juan, en la prisión, estaba aprendiendo de sus antiguos y desprestigiados sueños y como Pío Xll en la parte más negra de la Guerra Mundial del siglo veinte estaba también aprendiendo."

Es una locura tener esperanzas in nuestro mundo siniestro y sombrío. Es una locura" dice Buechner "mirar más allá de las posibilidades de la histoira por las imposibilidades de Dios. Y existía la locura entre otras cosas en la cara del viejo Papa quien esa noche que nos llama la atención, cuando los judíos de Hitler en su conciencia quizás y que estaba muriéndose de lo que en realidad lo estaba matando. Había ansiedad en su cara, si la podía entender y cansancio y deseos, deseos. Y de esa manera su cara era la misma cara mía o tuya... (Pero si su cara hubiera reflejado al menos la ansiedad común y la culpa y el cansancio) no tendría ninguna causa para recordarla ya que han pasado tantos años. Existía también la locura en la cara de ese hombre viejo, me parece. Como un mono, sus ojos estaban demasiado grandes, demasiado avivados, demasiado humanos para su cara. Y es la locura la que me ha hecho recordarlo todos estos años. La locura porque me imagino que él esperaba que Cristo mismo vendría otra vez esa noche como uno de los más grandes deseos de la humanidad de todo ser humano ( locura porque tenía la esperanza) que la imposibilidad en si misma (de que Dios) estaría de pie allí (algún momento esa noche) resplandeciendo in ese lugar imposible."

" No estaba allí, no había vuelto y por lo que sé todavía no ha vuelto. Es increible, por cierto, pensar que lo haría pero eso no nos debe preocupar. Es increíble en si que los pastores puedan pararse enfrente del púlpito, vestidos en su sotana negra haciendo el ridículo cuando podrían estar en su casa leyendo el periódico donde sólo sus niños necesitan saber que están haciendo el loco.. Es increíble que la gente deba escucharlos. Es fantástico que en un mundo como el nuestro hay todavía una cosa que nos hable de la fantástica posibilidad que es Dios." El polvo y la oscuridad. El polvo y la oscuridad que está en todas partes. Y como Juan el Bautista y Pío Xll, estamos de pie en el polvo y en la ocuridad de nuestros días y preguntamos por la esperanza del Adviento: ¿Eres Tú, Jesús el que va a venir? O ¿debemos esperar por otro? Como Juan y el Papa viejo vivimos en la iluminación del mundo entre lo que es y lo que esperamos que sea. Al igual que ellos, vivimos en el polvo y en la oscuridad y no somos privilegiados de no tener dudas, la misma agonizante duda del Adviento. En la oscuridad de nuestro cautiverio nosotros tambien tenemos hambre de recibir la verdad salvadora y buscar a Nuestro Salvador.

Es por eso que en este tercer domingo del Adviento, en el año 2001 D.C., en el principio del año de este nuevo milenio y en el nombre de Nuestro Cristo de tantos años y nuevamente en las palabras de Frederick Buechner, " Yo alabo esta locura y esta fantástica esperanza de que el futuro le pertenece a Dios tanto como el pasado y que de alguna manera no podemos imaginarnos como la gracia volverá a este mundo. No me puedo imaginar de un momento más propicio para que vuelva a nuestro mundo. No puedo imaginarme de otro momento cuando el mundo ha estado más listo que ahora, (nunca) cuando la oscuridad tuviera tanta hambre. No durante el tiempo de Juan el Bautista.. No durante durante el tiempo del Papa Pío Xll.

"Venga tu reino...."( y es este día en la iglesia, en el tercer domingo del Adviento en el año 2001 D.C.) nosotros mostramos la muerte de Nuestro

Señor hasta que vuelva y quizás la mismísima locura de nuestra espera le dará a El las alas doradas y locas que necesita para volver.

"Yo oro para que El vuelva y para que Uds también pidan por lo mismo. Lo necesitamos, por supuesto.

" El que testifica de que estas cosas ocurran" dice " Sí, vengo pronto." Amén.

 

"Ven, Nuestro Señor Jesucristo."

Citas: En la Hambrienta Oscuridad (1969) Pasajes citados de Buechner se encuentran en las páginas 113-125.