25 domingos después de Pentecostés

El sermón del Rev. Dayle A. Casey

de la Semana Litúrgica 29, del Año Litúrgico C

en The Chapel of Our Saviour

Jeremías 23:1

Colorado Springs, Colorado

Colosenses 1:11

el 25 de noviembre del 2001

Lucas 23: 33-43

 

Si pudieras cambiar el mundo de como lo conoces en este momento, cambiarlo de tal manera de que hubiera un cambio fundamental ¿A qué poder se lo pedirías? Esta es la pregunta que nos hacemos en este último domingo del año, mientras celebramos la fiesta de Cristo-Rey, la cual nos marca el principio del nuevo año.

Durante las últimas 11 semanas, se nos han presentado diferentes maneras de contestar esta pregunta. Los terroristas, los que buscan una manera de hacer ciertos cambios, toman el control de los aviones. Los dirigen contra edificios y de esa manera matan a miles de personas creando el horror y el miedo que éso trae a cuestas. Entonces, en una manera de tratar de evitar estas situaciones los gobiernos se ponen en alerta, las fuerzas armadas despliegan su poderío, el país donde se cree que estos terroristas se encuentran es bombardeado y más edificios son destruídos y aún más personas mueren y más horror y miedo es creado.

En las noticias del viernes se nos informó que en una encuesta que se había hecho reciéntemente, el 60 - 70% de los americanos estaban a favor en este momento de usar lo que fuera necesario para destruír el terrorismo y así poder cambiar el mundo. Estas medidas de cambio incluyen entre otras cosas, el posible asesinato de líderes extranjeros, tortura, la detención indefinida de personas que no han sido procesadas por ningún crimen y otras maneras de anular otros derechos humanos que se encuentran en la Carta Fundamental.

Estas medidas de ahora no son nuevas. Estas son las mismas medidas que han sido usadas desde el comienzo del mundo, una manera de recurrir a la fuerza, al miedo y a la sumisión: entonces si quiero cambiar el mundo, si soy suficientemente fuerte y los otros son suficientemente débiles puedo obligar al cambio ¿nó?

Pero estas medidas, ¿Nos dan los resultados que buscamos? ¿Han funcionado alguna vez para obtener lo que deseamos que ocurra? Usando estas medidas ¿obtenemos realmente un cambio fundamental?

Las cosas no eran tan diferentes hace dos mil años. Los romanos tenían sus armas listas en todas partes del mundo. En Judea, Roma gobernaba contra la voluntad del pueblo judío. En Judea, algunos querían que hubiera un cambio. Querían que los romanos se fueran. Pero como los romanos no estaban dispuestos a abandonar el lugar, ciertos judíos fanáticos empezaron a sublevarse y a causar alborotos, dos formas típicas usadas por los terroristas. Los romanos les hicieron frente con sus propias armas, con crucifixiones: cientos y miles de ellas, una manera de mostrar su fuerza para mantener la paz y poder así controlar a la gente.

En ese viernes que llamamos Viernes Santo, tres criminales fueron crucificados en un cerro en las afueras de Jerusalem. Dos de ellos eran culpables. Es muy posible que se conocieran. Los dos criminales a cada lado de Jesús eran probablemente criminales de veras. Seguramente eran fanáticos que peleaban por la libertad y habían pasado mucho tiempo en diferentes cárceles por robos para así poder mantener el movimiento local de echar de Judea a Roma. Y ellos habían oído de Jesús. Habían oído lo que mucha gente decía de que Jesús era la esperanza de ser el futuro mesías, del rey quien se levantaría finalmente contra Roma y triunfaría. Y ésa es la razón por la cual eran crucificados juntos, los tres eran de la misma índole, según las autoridades.

Pero Jesús en realidad era nada más que un dolor de cabeza para las autoridades judías locales porque él siempre estaba enseñando y predicando cosas que los irritaba. El proclamaba la venida del Reino de Dios para la gente de Dios. Lo que hacía que los revolucionarios pensaran que El era uno de ellos, quizás enviado por Dios para llevar a cabo la revuelta, ésto hacía que los sacerdotes y la mayoría de las autoridades judías, se pusieran nerviosas y enojadas porque si una revuelta fuera a ocurrir, seguramente que ellos perderían lo poco o nada de poder que Roma les había otorgado.

Es por eso que había que hacer algo contra Jesús si era o no era culpable, si era o no un peligro para Roma. " Si lo dejamos seguir" decían "entonces toda la gente creerá en él y los romanos vendrán y se apoderarán también del templo y de la nación." " Es mejor si ese hombre muere, sin importarnos si es culpable o inocente" agregaba Caifás, el Supremo Sacerdote "que dejar que toda la nación desaparezca.

Por lo que hicieron una votación y decidieron que el fin justifica los medios. Si para salvar la ley tenían que destruir la ley al violar sus propios procedimientos, lo harían. Es por eso que hicieron arrestar a Jesús pero Pedro sacó su espada e iba a pelear para salvar a Jesús y de esa manera quizás empezar la rebelión, pero Jesús le dijo a Pedro "pon tu espada de vuelta en su vaina porque él que de espada vive de espada muere."

Y trajeron a Jesús bajo la protección de la oscuridad, aunque su propia ley, una ley que ellos tenían que obedecer, prohibía tener juicios secretos de noche. Y aunque Jesús insistía que Su Reino no era de este mundo y aunque no habían testigos creíbles para testificar de su deslealtad hacia Roma, lo entregaron a Roma quienes lo golpeó y lo torturó y lo crucificó junto a dos verdaderas amenazas aunque el gobernador romano también sabía que Jesús era inocente; seguramente pensó que sería mejor que Jesús muriera a que una montonera de exaltados se enfureciera más .

Por lo que el fin justificaba los medios y la paz era restaurada. Por un tiempo. Pero, ¿cambió algo de una manera fundamental?

El poder. Todos están impresionados y como que no pueden creerlo cuando ven el poder absoluto.

Toma el ejemplo de una locomotora. Parados en los rieles, quizás has tenido como yo he tenido la oportunidad de sentir el poder de la locomotora cuando se acerca a la estación y aún más si llega a parar y tú te das cuenta del gran poder que tiene para hacerlo. O de una tormenta, como es un huracán. ¡Qué impresionante es el poder del viento, el viento que puede, en unos minutos, destruir una ciudad o que puede si está controlado, encender luces y calentar. O nuestros grandes cohetes, máquinas que pueden elevar todas esas toneladas de hierro desde la tierra y llevarlas a la órbita alrededor del planeta.

Pero, el poder, impresionante, increíble de creer, no es siempre tan deslumbrante como lo es una locomotora, una tormenta o un cohete. Considera el poder de unas cuantas gotas de agua, las cuales al caer a una grieta cuando se congelan allí y se expanden pueden romper el caminito de cemento en tu casa o destrozar las calles de la ciudad.

Y la enredadera. Considera el poder persistente de la enredadera, la cual a veces adorna los ladrillos de las murallas de muchos edificios. Se ve hermosa, en la pared pero tienes que tener cuidado porque ni la dejas sola crecerá sin control y llegado un cierto tiempo, destrozará poco a poco el edificio hasta que no quede ni un ladrillo en pie.

El poder fuerte, el persistente poder, silenciosamente se envuelve en nuestras vidas y la mayoría del tiempo ni siquiera nos percatamos.

Un científico (Waldermar Kaempffert) estima que hay suficiente energía en una pura gota de agua que cae para suministrar 200 caballos de fuerza al año y suficiente poder escondido en una tarjeta común y corriente de negocios para mover el transbordador por el rio Hudson por un año.

Sin embargo, la mayoría del tiempo, por no decir todo el tiempo, equivocamos el poder con la fuerza. Hace sólamente un siglo que Inglaterra creyó que era el país más importante del mundo porque tenía poderosas fuerzas armadas. ¿No tenía Inglaterra la mejor flotilla en los mares? ¿No tenía los soldados imperiales con las armas más avanzadas y superiores que podían controlar casi todo el mundo incluyendo el continente sub-desarrollado de la India y de su gente?

Así parecía, hasta que un insignificante y curioso hombre llamado Gandhi, quien trabajando silenciosa y persistentemente, como la enredadera en la pared, puso al Imperio Inglés de rodillas. No lo hizo con un gran poderío de fuerzas armadas pero con el poder de la fe, de la oración y del sacrificio personal y por su rechazo de usar la fuerza contra la fuerza. Y así Gandhi cambió la vida de su gente y les dió nuevas esperanzas.

Nadie jamás debe desestimar el poder de la fuerza. Puede ser y muchas veces es una fuerza horrible y peligrosa. pero ¿no es la fuerza la que tú puedes usar para cambiar al mundo de una manera fundamental, si quieres crear algo nuevo y diferente? Hay, sin lugar a dudas, ciertas cosas donde la fuerza nunca logrará triunfar. No hay fuerza en el mundo que pueda cambiar la mente o el corazón.

Has considerado alguna vez, por ejemplo, ¿Cuál es el milagro más extraordinario que encontramos en La Biblia? Muchas veces cuando le preguntamos a la gente nos dicen que podría ser cuando Jesús cambio el agua en vino, o, al resucitar a Lázaro, o, su propia resurrección. Pero estos son milagros insignificantes para un Dios que creó el mundo de la nada. Ninguno es suficientemente grande como la conversión de San Pablo. La conversión de San Pablo, en mi opinión fue el más grande de los milagros descrito en La Biblia porque es un milagro que tomó lugar en el corazón y en la mente. Eso si que tomó poder. No hay ningún ejército que lo podría haber logrado. Fue posible sólamente por el poder del amor de Jesús hacia él y hacia el mundo, del cual Pablo llegó a experimentar personalmente, el que pudo cambiar a Pablo de un ser fanático quien respiraba amenazas de matanzas en contra de los seguidores de Jesús para cambiarlo en el apóstol más fuerte del Evangelio de la Gracia.

Como muchos de Uds. saben, una de mis películas favoritas es " A River Runs Through It" (El río pasa por todo). Trata sobre un padre y sus dos hijos y de la relación que existe entre ellos. La madre aparece también pero la película trata más que nada con los hombres. Al principio de la película, Pablo, el menor de los hijos, que tiene ocho años, tiene una verdadera confrontación durante el desayuno. Todos los platos de cereal están vacíos, excepto el de Pablo. La avena de Pablo sigue igual de llena en el plato con la cuchara hacia abajo en el borde de éste. "No vamos a dar gracias, ni vamos a dejar la mesa hasta que toda la avena haya sido consumida" le dice el padre a Pablo. El tiempo pasa, mucho tiempo pasa y aún Pablo está sentado sin haber probado bocado. "La gente ha estado comiendo avena, que el Señor nos ha proporcionado por siglos" dice el padre y agrega con un tono autoritario "y no le corresponde a un niño de ocho años que cambie esta tradición." Pero Pablo la cambia. Tomó todo el día pero al final, el sobrevivió al mandato de su padre. Sin duda, el padre de Pablo, con su fuerza de hombre grande, podría haberlo hecho comer al forzarlo a tragarla. Pero éso ¿Habría hecho cambiar de idea a Pablo sobre la avena? ¿Habría habido un cambio en su corazón? Otra cosa, un poder más fuerte que ése, no la fuerza bruta, es lo que lo haría cambiar.

Las fuerzas armadas pueden controlar de esa manera. Lo hicieron con Gandhi y también con Jesús. Lo harán por un tiempo en Afganistán. Pero, ¿cuál triunfa al fin? ¿El imperio que mandá Jesús a la cruz o el poder del amor de un Ser quien dió su vida con gusto para hacer una verdadera diferencia en nuestras vidas?

Salvador Dalí pintó un cuadro sumamente interesante sobre la crucifixión. Se dice que unos días después de haberlo terminado, un amigo le dijo "Pero, ¡has cometido un error! No hay clavos ni en los manos ni en los pies. "Tienes razón" le dijo Dalí, "fue solamente el amor el que lo puso allí."

La fuerza, la fuerza del poderío de un imperio armamentista es el que puso los clavos en las manos y en los pies de Jesús y que mofándose de El, puso un letrero diciendo " Este es el Rey de los judíos." Pero es el poder del amor del que está en la Cruz que hizo que Handel lo aclamara Rey de Reyes y eso es lo que inspiró a Matthew Bridges a escribir la letra de la canción que cantaremos más adelante en este servicio dominical. "Corónalo con muchas coronas, El Cordero de Dios sobre su trono...Despierta alma mía y cántale a El, quien murió por tí y glorifícalo como el único Rey, por toda la eternidad." Es divertido ¿nó? Roma ya no existe. Y el Imperio Británico y la era de Hitler y la Unión Soviética han seguido los pasos de Roma. Y ahora, como los imperios antes que nosotros, Los Estados Unidos están tratando de mantener nuestro imperio a la fuerza. Pero, el profundo e inmenso poder del amor y del ejemplo de Jesús continua haciendo su trabajo, como la enredadera en la pared, en la vida de todos aquellos que están abiertos a El, continua cambiándolos y empujándolos desde la Cruz.

Jesús sabía la verdad, que en orden de derrotar a la bestia uno tenía que que actuar como la bestia haciendo entonces que la bestialidad triunfara. Jesús sabía que el fin nunca justifica los medios porque los medios con los que buscamos cambiar cosas, en realidad, son pares del fin que buscamos. Y, por lo tanto, si realmente queremos cambiar algo, para hacerlo nuevo, diferente, de que haya un cambio fundamental, entonces no podemos apelar a la fuerza ya que ésta es fútil. Y por eso que Cristo, el Rey, apela no a las fuerzas armadas sino que a la cruz.

Tres hombres morían juntos en sus cruces. Ahí está Jesús, en su cruz y los otros dos morían a su lado, uno a su derecha y otro a su izquierda, cada uno de ellos arrestados y clavados a la cruz para morir como enemigos del estado. Hombres desaminados, los tres, escandalosos para los fuertes soldados y para toda la gente buena, judíos y romanos quienes estaban allí , mofándose de ellos.

Y uno de los criminales también empezó a hacer lo mismo que la multitud. "Jesús" decía, "si eres el rey que todos creen que eres, si eres el rey que capáz que seas, entonces haz algo. ¡Pide ayuda a tus fuerzas armadas! Usa tu poder para cambiar la situación. Sálvate y sálvanos a nosotros de este infierno." Teniendo miedo de dejar de lado su idea de derrotar a Roma por la fuerza, este hombre moribundo le gritaba a Jesús burlándose, "Si eres el rey, usa tu poder de rey y sálvate y sálvanos."

Pero el otro criminal también desanimado y muriéndose junto a Jesús, vio las cosas de diferente manera. Por algún motivo, cuando oyó a Jesús decir "Padre, déjalos ser, perdónalos y olvida todo esto porque no saben lo que dicen," él se dió cuenta de que no eran ni los clavos ni los soldados lo que mantenían a Jesús ahí. El deseo de hacer que las cosas fueran diferentes, el deseo de que hubiera un cambio radical, el deseo de poseer el verdadero poder, el poder que hacía que los clavos y la fuerza de los romanos fuera cero en comparación, eso es lo que hizo que Jesús apelara a la cruz en vez de a las fuerzas armadas.

Este otro hombre moribundo sabía que, aunque pareciera irónico lo que decía el letrero en la cruz de Jesús, era verdad. Este era el Rey. Porque el poder de su amor por ellos era más grande que todas las fuerzas que lo habían puesto ahí. Por eso es que se volvió a Jesús y le dijo, "Jesús, recuérdame cuando estés en tu reino" Y Jesús le respondió, "Hoy, amigo mío, estarás conmigo en el paraíso."

En la película "A River Runs Through It" (El río pasa por todo), el padre de Pablo es incapáz de comprender las actitudes rebeldes de Pablo, una rebeldía que al final lo llevaría a la muerte. Y después de que Pablo había muerto, cuando su padre hablaba con el hermano de Pablo, le dijo "No es necesario entender completamente para amar en su totalidad. Esto es lo que siempre he creído y he enseñado."

"¿No es ésa la pura verdad?" Con todas las cosas de este mundo que no entendemos y con toda la gente diferente a lo que nosotros somos, a quienes tampoco entendemos, ¿No es verdad que no es necesario entender completamente para amar completamente?" La cruz todavía sigue en pie, mandándonos su sombra sobre la vida tal cual la conocemos, la entendamos o no, invitándonos a la Corte del Amor y del Sacrificio, en vez de a la Corte de la Fuerza.

Este, es el poder por el cual Cristo Rey pidió ayuda cuando El quería hacer un cambio radical. Es lo que El pensó y en lo que El creyó y por lo que vivió y murió.

Al final, la enredadera y el agua siempre triunfarán. Y el amor también lo hará. La Cruz prevaleció sobre Roma y sobre el Imperio Británico y sobre la era de Hitler y sobre la Unión Soviética y sobre los Estados Unidos y sobre todos los tronos, dominios y soberanías y poderes del mundo, aún sobre el poder de la misma muerte.

La Cruz, es el poder a quien le cantamos alabanzas hoy.

En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.